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Calavera Infernal

Diario Calavera (15º día)

Diario Calavera (15º día)

Muy buenas en este Lunes de ceniza. Y es que hay algunos que estarán pensando cada vez con más insistencia en las Profecías de Nostradamus, o en cualquier otro tipo de Profecía (niña del Exorcista incluída). Si hacemos caso a todas estas "previsiones", nos queda muy poco tiempo de vida como raza. Valoremos punto por punto estas situaciones:

A principio de los 80 se desata un virus con excesiva virulencia, que sólo atacaba (en principio) a las costumbres un tanto (cómo decirlo, disipadas) Era el SIDA, y curiosamente sólo afectaba a los seres humanos, mediante el intercambio de fluídos. Homosexuales, drogadictos y en menor medida hemofílicos. Dios estaba disgustado con las costumbres disolutas del momento.

Luego comenzó el éxodo de las poblaciones más pobres hacia lugares más ricos... "El adoramiento del Becerro de Oro". Las tensiones entre pueblos hermanos se acentúan y acrecientan. Todo comienza a volverse caos. Dios sigue más encabronao.

Más tarde vino la unión de los poderosos, el enfrentamiento de las civilizaciones y el derrumbe de las Torres de babel. Luego los humanos impusimos la seguridad total. Y claro,
así nos va. Dios completamente lleno de ira.

Por último, la elección de la necedad como sistema de vida, el pensamiento único, las creencias envejecidas y mantenidas artificialmente, edificios que se derrumban, torres que se queman.

Los Jinetes del Apocalipsis están dando un bonito paseo por la Tierra. Menos mal que el Infierno sirve de cordura y relax. Buenos días.

Alá-Li La-Baba y los cuarenta mamones

Alá-Li La-Baba y los cuarenta mamones

Erase que se era una oruga en una higuera la mar de fea, -la oruga, no la higuera,- de pelos toda ella llena ¡¡ Que festín de higos y brevas se estaba dando la muy pendeja ¡! , y papeando, papeando, papeando este cuento entre orugas , higos e higueras va empezando ando ando ando ….
En una ciudad de un país muy lejano ano ano del oriente peninsular, de nombre Alí Canté, cuyo nombre según me comentó la Fulgencia Ustaquia, la del quinto pino b, se atribuye a la fama que tenía un morito de nombre Alí, y no a su capacidaz pulmonar pa`l cante jondo, no, sino por sus pies, ya que cada vez que se aligeraba de alpargatas y medias-carcetines , ¡! Qué Cante ¡! ¡¡Qué cante de pies, madreeeeeeeeeeee ¡¡ ¡¡ Que cante¡¡ , y por ello aquello del Alí Cante.
Pos en esta siudad tan linda vivían en el barrio de la Casba una pareja, con cuatro orejas, no es que tivieran cuatro orejas cada uno, no, entre los dos, dos a dos, cuatro ovejas, cuatrocientras abejas y la picha del marido siempre tiesa. Esto de la picha tiesa no viene al cuento, pero era para haber logrado un pareado rimado. ¡¡Ah, si …¡¡ ¡¡ Un pareado …¡¡ ¡¡Pues yo también quiero un pareado ¡¡ … No me seas pobre a la hora de pedir, ya que puestos, pide un Unifamiliar y en la Moraleja, (para los de fuera de Madrid, zona residencial con muchos posibles), osea una pareja con cuatro orejas en la Moraleja , si, si, Ahorrando ahorrando, ni cuando llegue a vieja me compro yo un chalete en la Moraleja, pues con su pan se lo coman todas esas Péndejas de las Moraleja.
¿Qué carajo tamos haciendo en la Moraleja? ¿ de turismo? ¿Y el cuento? , bueno, diantres, volvamos a Alícante.
La pareja de Ali Cante del Cuento eran humildes trabajadores dedicados a la recolección la aceituna, si, si, que los olivos se habían traido de Úbeda, él se llamaba Alá-Li La-Baba, es desir , era musulmán mahometano ano ano, de la época anterior inmedianta a los Reyes Catatónicos, ó era Rayos Catódicos, o Rollos de Catecismo, no ma`cuerdo, eso zi, se llamaban Sabel y Fernando, a lo que iba, se llamaba Al.a, pos Alá por musurman y La-Baba por que era hombre y ya se sabe lo que se cae cuando un hombre encuentra a una mujer, eso, se cae La baba, ya que lo otro no se cae, al verres, se levanta, se empina y se pone tiesa aunque no estemos en la Moraleja.
El que trabajaba en la aseituna era solo Alá-Li La-Baba, pues la mujer, en casa, que estos moros son suyos, mucho muchismo machismo, haciendo aceite de las aseitunas, pues ya ni te cuento el saborsito que tenía el aseíte de Alí Cante con la fama del Cante de pies de sus conciudadanos, los muy, muy, muy guarros se lavaban los pies en el lagar estrujando las olivas con los mismos pies , llegaban con sus pies al lagar oliendo a queso Roquefort y salían oliendo a lo mismo, pues ni el pisado de la aceituna les lavaba el olor, ¿pero la aceituna también se pisa con los pies? Yo creía que era la uva. Mecachis. Pero de la uva solo sale vino y pa`l cuento hase falta aceite pa meterlo en las tinajas ajas ajas.
Cierto día cuando Alá-Li La-Baba se dirigía al olivar, (a saber tú a que iría allá, a trabajar me extraña), oyó ruidos de muchos cascos , no de los que se oyen en los bares ó en el botellón en la noche de litronas cerveceriles, no cascos de botellas, no cascos tampoco de Alvaro, no , sino cascos de caballo a todo galope, se escondió tras un peñasco asco asco a verles pasar y los contó, aunque paresca extraño, sapia contar, one, dos, tris, catro, five,seis, … y con la lengua ajuera dijo cagenta y uno. Ya sé, ya sé, ya sé que el cuento se atitula Alá-Li La-Baba y los cuarenta Mamones, pero… ¿Y el jefe? ¿Eh? ¿El jefe? , el jefe de los mamones se cuenta aparte, como en los tres mosquisteros, que eran cuatro, pues Dartacan se cuenta aparte, que eran, al que Atan, (Athos), el que lo Porta,(Porthos) y la Fuster, osea Aramís . tres, habéis visto + Dartacan son cautro, no tres, pos eso pasa con los Mamomes, eran cuarenta más el jefe .
Ala-Li La-Baba decidió al día siguiente seguirles y vió como se paraban delante de la montaña, esto era porque eran moros y ya se sabe que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña, y Mahoma se llamaba el jefe los mamomes , se paró allá delante y dijo : “Aaaabreeeeete Seeeessssaaaaamoooo” y la montaña se abrió cual mujer de burdel y entraron todos por él, no es que entraran en un burdel, que si que también lo hacian, sino por una puerta de piedra a un cueva.
Y La-Baba esperó, esperó a verles marchar, cuando se piraron con viento fresco, contándolos de nuevo, no fuese que quedase alguno adentro, hombre listo el Alá-Li, se plantó delante la montaña y le gritó:
- “Arreate un Cuesco” –No pasó nada, carajo, no era así y eso olía-
- “Agarrate Serrano” –Ca, ni por esas y casi hasta se cae por no agarrarse-
- “Anacleto er Sevillano”-Que no, que no, joer, ¿cómo diantres era?-
- “En un Brete se la mete” – Ni modo, y si no se deja, ¿qué?-
- “Ábrete de patas serrana” – lo probó sin lo de “de patas” y tampoco coló-
- “Ábrete Susana” – Ni en toda la mañana-
Y eso que acabo de decir que La-Baba era listo, anda, que sino, pero suerte, tenía un porrón, eso si, pues resulta que la montaña tenía eco con retardo, y habían pasado como unas cinco horas desde que los mamones se fueron y tatachín, tatachán, llegó el eco con retardo y se oyó la voz del jefe de los mamones en off, a través del eco …. “Aaaabreeeeete Seeeesaaaaamoooo”
Y claro, la cueva se abrió y Alá-Li entró y ¡Oh Mahoma! , aquello estaba repletito de tesoros, doblones de oro, joyas, alhajas, monedas de plata, ostras con y sin perlas, y hasta un teléfono móvil, si, ya se que estamos en la época de los Reinos moros de los Radios Catalinos esos, la Sabel y el Fesnandito, pero es que sin el móvil ya no puedo vivir, ni en los cuentos, asi que os jorabáis y apechugáis con que en la cueva también había un móvil, desde el que llamó a un restaurante, luego a un concesionario de BMV, a una agencia de Viajes, y a una inmobiliaria de la Moraleja, a su mujer, desde luego que no.
En esto que llega el eco con retraso de nuevo con la voz del jefe en off … “Cieeeerrrrateeee Seeesamooooo” y el Alá-Li La-Baba que se me queda encerrado y a oscuras. Eso si, ya había cargado con tesoros sus bolsillos.
-“Ábrete Segismundo” “Ábrete Sesos” “Abrete Sizu” “Ábrete Teta” “Ábrete de piernas” “Ábrete de una vez” – El pobrecito se quedó seco de hablar tanto, pero ni modo. Cansado y cagado de miedo se arrinconó en un rincón a esperar llegar a los mamones, y llegaron, amos que llegaron, a los dos días, y se abrió la cueva, y Alá-Li La-Baba pudo escapar sin ser visto, no me digais como lo hizo, pero lo hizo, que se mi entretengo no acabo el cuento ni en el 2005. ¡¡ Por el culo te la hinco ¡! (Gracias niña por la sugerencia), y corrió a su casa y escondió el dinero y joyas sin decirle nada a la mujer, decidido a volver a por mas al día siguiente,
¡¡ No me seas tan Avaro que el rompe sacos por abarcarlo se te va a joer !! ,- Esto se lo dije yo, el autor del cuento, pero como a mi no me hace caso nadie, y menos un personaje de cuento, asin que volvió al día siguiente a por más, y esta vez, como el muy pillín había apuntando en un papel la frase, entró como Pedro por su casa y salió mas rico.
Esta lasaña, uy, es que ya tengo un hambre, que no desayuné, perdón por la interrupción, quise decir hazaña, no lasaña, hazaña, es que el jambre cuando el estómago gruñe piensa en el cerebro, bien, pues esta hazaña se repitió muchas veces, siempre procurando llevarse de tal manera el botín (a Emilio desde luego no le haría gracia) que no se notara, pero hete aquí que al jefe de los mamones le llegó la factura del móvil, que por respeto a los móviles ajenos Ala-Li siempre lo dejaba en el mismo sitio y para que nadie sospechara que habían estrado ladrones en la cueva, pero claro, la tentasión es la tentasión y a algún que otro 806 o tefóno rótico eso si que llamó y claro, Mahoma, el mamón jefe investigó investigó investigó la susodichas llamadas, lo del 806 no le extraño , pero lo de la Inmobiliaria de la Moraleja eso si, y descubrió entonces que les estaban robando, y encontró al ladrón a traves de sus aptitudes detectivescas móvil_lires, ….¡¡ Lo capo ¡¡ … ¡¡ A este tio lo capo ¡¡
Pero ellos eran mamones y los mamones estaban perseguidos por las justicia, no podían así como asin presentarse en el pueblo e idearon una artimaña de tamaña calaña que no se la saltaba una araña. El jefe mamón se haría pasar por comprador de aseite y llegaría al pueblo disfrazado con una carreta con cuarenta tinajas, donde se esconderían sus hombres, los cagenta mamomes. Esperó a que Alá-Li La-Baba se fuese de casa y entonces llamó a la puerta. Piticlin, piticlin, Toc, toc. Y salió la mujer de La-Baba, a la cual el jefe mamón le dijo que era un comprador de aceite y traía cuarenta tinajas para que las llenase de aceite.
uy, uy, dijo la mujer, esas son cosas de mi marido, no está, lo que podemos hacer es meterlas dentro del patio y cuando vuelva al anochecer yo se lo digo y ya apalabran vosotros ustedes el precio.

Y así quedó la cosa.

El ladrón mamón había metido a sus hombres en casa del traidor y ahora solo tocaba esperar la hora de su vuelta para matarle. La muller, al ir a hacer de comer, le faltaba aceite pa freir espárragos, manda huevos mandar a freir espárragos, pero a La-Baba le pirraban los espagarros fritos y se asercó al patio, ya de anochecido a buscar el aceite que tenían por montón, con olor a queso Roquefort, y en esto, un mamón al oir ruido afuera dijo, “¿Ya es la hora?”, la mujer asustada de aquello solo supo decir, “no aun no” Pues todavía no había terminado de freír los espágarros, to extrañá llamó al marido por el movil y le contó lo que pasaba, todo, todo, y Alá-Li a su vez se lo confesó todo, “mira mujer, que son mamomes”, “si hay cuarenta tinajas eso es que en cada una hay un mamón esperándome pa matarme y robarme el tesoro” . “Ahora güelvo” , “salgo corriendo del burdel y …, no quería decía burdel, no, no, bedel, bedel, es que la tía esta no me deja vestirme, que no, que quería decir que el bedel de la oficina no me quiere entregar la gabardina”. “En un pis estoy ahí” “meo y ya llego”.
“Ya he llegado”. ¿Qué hacemos ahora?.
Vete calentando aceite que esto lo arreglo en un periquete-Le dijo Ala-Li La-Baba a la mujer- Y esto, bueno, ya sabéis lo que pasó, ¿no?, Fueron vertiendo el aceite hirviendo en cada tinaja y mataron a escaldao a toos los mamones.
¡¡ Pobres mamones, me dan una pena ¡! ¡¡ Todos escaldaos ¡¡
Y esa noche, por el móvil, llamaron al 091 avisando que el jefe de los mamones llegaría por la mañana a su casa y allí le podrían atrapar, y ¡¡ Ofresían hasta recompensa y todo ¡! y Ala-Li La-Baba y mujer se hicieron ricos, inclusive después de pagar el IRPF a Hacienda y se instalaron en la Moraleja y como el mamón que roba a otro mamón tiene cien años de perdón y a los cien años todos calvos, el final fue de perdones perdices codornices narices y calvos y
… pata tin pata tan este cuento ha llegao a su fin

Fragua Visual

Fragua Visual

Nunca entendimos el problema del racismo.

Fresas y Limón de nuestra querida Stuffen.

...el automóvil, pero se quedó observando desde la esquina, con el teléfono móvil en la mano y el número de la policía marcado.
Los dos se encararon en un callejón del que Leire sólo veía la entrada. No mediaron palabras, no hacía falta decir absolutamente nada.
Las navajas brillaban sepulcralmente bajo esa luna de silencio, bailaron con las armas en las manos intentando herir a destajo, primero sin acercarse demasiado, lanzaban golpes afilados por doquier, sin tocarse, sin rozarse apenas. Los gatos corrieron a refugiarse en los contenedores del restaurante, un olor fétido cargaba el ambiente, pescado podrido que hacía aún más insoportable la idea de respirar ese aire infestado de miedo.

Leire, desde su posición, sólo veía sombras que se movían rítmicamente proyectadas en el suelo y en la pared, siniestras sombras de la China, que significaban un teatro no soñado, un sudor viejo en el cuerpo de Mario que reconocía la escena como recién vivida. Poco a poco se fue acercando con el teléfono bien apretado en la mano, sus pasos lentos se resistían a seguir caminando.
Cuando llegó al callejón, tuvo que actuar con rapidez, Mario era sostenido por la espalda, las navajas habían caído al suelo, y su contrincante trataba de alcanzar una de ellas cuando Leire se agachó y le pasó a Mario la que tenía a sus pies, una hermosa navaja de filo de acero, con virguerías finamente labradas y mango de madera de caoba bien trabajada. Mario consiguió zafarse y pinchar a su contrincante en el estómago, a la vez que éste le dibujaba un rápido corte en el brazo. Ambos cayeron al suelo, rostro contra rostro, Mario estaba perfectamente consciente, pero la imagen que tenía enfrente era la de un agonizante, la sangre le manaba de la boca como una fuente siniestra, los ojos abiertos y perdidos en una lejanía difusa. Las manos apretadas contra el vientre dejaron de temblar cuando exhaló un último suspiro.
Leire abrazó a Mario y le buscó la herida, colocó su foulard de torniquete y se lo llevó rápidamente al hospital, en donde sería curado por algún colega sin que la cosa levantara sospechas. Allí quedó el cuerpo muerto de un chulo cualquiera, al que, seguramente, habrían pinchado en un ajuste de cuentas, nada que investigar, papeleo del de todos los días.

Leire y Mario salieron del hospital a las tantas de la mañana, no sin antes agradecer varias veces al personal de las instalaciones las gracias por haber curado a Mario y no haber hecho preguntas... Salieron con cierta prisa y desaparecieron en el coche, como si hubiera sido un mal sueño... En el transcurso del viaje del hospital a casa; la tensión se "mascaba" en el ambiente... No hubo ningún tipo de palabra, ni de reproche... ¡¡¡Nada de Nada!!! Sólo podía presagiarse una sola idea: "La tormenta iba a estallar en cualquier momento"... No habían terminado de entrar en casa, Mario dijo un: ¿¿¿Dónde has escondido mis cosas??? y ¡¡¡Zasss!!! La guerra estalló en toda su amplia gama y extensión de reproches y de "puñaladas verbales"... El resultado fue que Mario durmió en su despacho y Leire en el dormitorio.

El lugar donde habían transcurrido los hechos estaba muy concurrido de gente y curiosos, pero sobresalía entre ellos una mujer con aire de turista despistada, que disimuladamente había visto como se había desarrollado la pelea... Los policías le tomaron declaración, pero entre sus pocas ganas de hablar y el dialecto yanqui de los bosques de EE.UU., hicieron perder la paciencia de los policías; que tenían prisa por terminar el turno...

El lunes en el hospital Leire recibió una noticia francamente desagradable e inesperada. Había sido llamada al despacho del director, para decirle con buenas palabras que estaba despedida, por unos informes que le habían...

(continúa)

A MI VIEJA.

A MI VIEJA.

Heroína de batallas
Ahuyentabas mis dragones
Tus manos grandes y ajadas
Sabían dividir el pan
Sanadora de dolencias
De rodillas lastimadas
Maga de reyes magos
En mi pobre Navidad.
Cofrade en mi alegría
Adversaria de mis penas
Doncella de un huerto verde
Amadora de la tierra
Hechicera en la cocina
Con un viejo delantal
Artesana del tejido
De aquel pullover celeste
Que te urgía terminar.
Te marcaron simples cosas
Y ya ves no las olvido
Las llevo en este equipaje
Que todos llaman memoria
Sos regalo de la vida
Sos la raíz de la historia
Y sos mi vieja querida
Un pedacito de gloria.

Huésped

Huésped

Con tu mochila a cuestas cargada de silencios
y un cayado de espinos, descalza y abatida
te encontré bajo el quicio de la puerta una tarde.
Abrí de par en par
los brazos y mi alma
y me ofreciste ayuda
para afrontar la vida,
o para hallar la carta
que cierra el solitario.
Llegaste, soledad,
tan desolada,
tan sedienta de sol,
que te ofrecí la luna
del ropero,
y en sus perchas colgaste tus harapos.
Cien fanegas de sal
has comido conmigo
y eso me da el derecho
a llamarte mi amiga.
No temo tus desplantes
y dejo que compartas la anchura de mi lecho.

Soneto a Medias

Soneto a Medias

Siento que me piden algún cuarteto
que el que vive en mi mismo municipio
está empeñado en que yo rime un ripio
creyendo que me saldrá algún soneto,

esperando que ya rompa a endulzar
y que salte y que siga dando palmas,
que no quiero ser un salvador de almas,
ni me importa escribir y no botar.

Boto escribiendo, no escribo botando,
y me voy poniendo más colorado
mientras las sílabas ando contando.

Escribiendo a saltos, a bote pronto,
bermellón, rojo de amor regalado,
no sé contar, ¿qué importa?, tanto monto.

(Colaboración de Cerrolaza y Pablo A.)

Fragua Visual: Mi Mano

Fragua Visual: Mi Mano

La mano se sorprendió de su capacidad para amar y crear.

Realizada por Stuffen.

LO BIEN DICHO

LO BIEN DICHO

Cuando digo Diego no digo digo.
Digo lo que digo porque sé lo
que digo. Y lo que dije antes, lo digo
y lo mantengo. Quien rectificó

lo dicho, nunca supo lo que dijo
o no le importó decir sin fijarse.
Mas yo en lo que digo siempre me fijo,
de quien no se fije no deben fiarse

de lo que diga, pues lo dicho aprisa,
se suele decir, que no es dicho bueno,
no vale de nada o que no va a misa.

Piensa lo que digas, hombre sereno
no dice cosas vanas, ni te sisa
ningún tiempo de ocio dichoso y ameno.

Derivando (9)

Derivando (9)

Ya no lo observaba como espectador, ahora le dolía el brazo cuando se hallaba tirado en medio del asfalto con el filo brillando entre sus manos y con un rostro desencajado de animal degollado frente a él, una plañidera a sus espaldas y la luna allá arriba, observando hipócrita el desenlace.

Leire no lo sentía sudar a su lado, dormía tranquila. Todo está ya solucionado, pensaba, las cosas van a ir a mejor, seguro, no puede ser de otra manera. Después de todo habían superado la mala racha y seguían unidos, lo que depare el futuro está hecho, ya están las cartas sobre la mesa y todas son buenas, el caballo de copas frente a la sota de oros, las espadas y los bastos ya quedaron atrás, ahora no hay más que oros, Mario, oros y una gran copa llena de sueños.

Él sabía que lo tenían controlado, que lo observaban de alguna manera, que seguían sus pasos y que tarde o temprano darían la cara. “Sigue durmiendo, querida, que no es nada”.

Aun así le preocupaba esos cambios de humor que tenía Mario, no podía soportar verle sufrir así... Las salidas al campo y a la playa eran cada vez más numerosas, habían hecho un pacto, no hablado, mediante el cual se iban a dedicar más tiempo para ellos...

Qué felicidad, poder retozar en esos campos y sentir la esencia natural en los cuerpos de Mario y Leire... Y qué decir de esos baños nocturnos a la luz de la luna o las estrellas, desnudos, jugando como dos chiquillos y amándose... Los espíritus de ambos estaban más unidos que nunca.

La noche era calurosa, si cabe más calurosa que las anteriores, y era el mes de septiembre, los últimos estertores del verano... Verano que se resistía a marcharse, dejando paso a ese otoño melancólico y triste, pero tan querido por los amantes tremendamente enamorados... Leire iba vestida con un vestido gaseoso que dejaba adivinar todas las curvas, Mario se había colocado una camiseta vaporosa y unos “chinos”, con “bambas” en los pies... Fueron al restaurante al lado de la playa, ése que hacía unos fritos tan ricos... Allí durante la cena, se juraron amor eterno... El sitio era ideal, música suave, luces en penumbra y esa brisa del mar que refrescaba el ambiente, Leire no podía soportar tanta alegría, era la Felicidad personificada... Mario comenzó a sudar, Leire se fijó y le preguntó qué le sucedía... Él le dijo que no pasaba nada, será la comida (dijo) Pero él sabía que era el momento, el momento de vengar a Luisa... Su asesino rondaba por ése lugar, aunque él no lo podía ver...

Había intuido una mirada extraña por detrás de esos cristales que servían de escaparate. Rondaba cerca, lo sentía respirar a su lado.
Salieron del restaurante, Mario, muy nervioso, le dijo a Leire que se adelantara al coche, que se le había olvidado la cartera, el tabaco o algo sobre la mesa. Leire supo en ese instante de qué se trataba, “No irás” “Leire, te estoy diciendo que te vayas al coche” “No me puedes hacer esto”.
Leire se encaminó a la calle paralela en donde estaba aparcado...

(continúa)

Diario Calavera (13º Dia)

Diario Calavera (13º Dia)

A ver, ¿alguien me puede decir de qué se puede hablar un sábado por la mañana? Yo me imagino a ese hombre que se ve frente ante su sección fija. Veréis hoy me he levantando, pensando en qué iba a escribir. Y se me ocurrió un tema profundamente existencial. Pero debido al día (sábado) y las horas de la mañana, uno ya no es tan suicida. Con lo cual, este Diario es el más Calavera de todos cuantos se han escrito. Porque realmente todo es una excusa para rellenar un hueco en blanco. Eso sí si me llamara D. Fulanito, serían meditaciones muy sesudas de un fin de semana.

Aprovecho la ocasión para haceros el ofrecimiento de escribir también en esta sección. Porque uno, aunque tiene un alto índice de ideas calavéricas, estas también se van agotando. Así que dicho queda. Buen sábado, y cómo suelen decir "Sábado, sabadete..." ¡Ahí estamos!

EL DRAGÓN Y LA SIRENA

EL DRAGÓN Y LA SIRENA

EL DRAGÓN Y LA SIRENA

Desde el mirador de la sirena la brisa me transportaba más allá, cerca de ti, perdida en el infinito de un horizonte sin más límite que el de una realidad difusa que iba y venía sin orden ni ritmo. Sin espacio, sin tiempo definido, todo me acercaba y todo me alejaba de ti. En el infinito te oía, te percibía tan cerca de mí como la brisa que me acariciaba la piel refrescando la sensación calida que tu recuerdo provocaba en mí. Perdida en unas voces apenas perceptibles para un alma añorante; confundida con el rumor de un mar que en la cercanía se hacía tan lejano. Con la amarga separación todavía en los labios era incapaz de oírlo.
El rumor se transformaba en voces, voces que se confundían con el oleaje cada vez más intenso, con la brisa que reclamaba mi atención y me encauzaba hacia aquel lugar, hacia tu lugar ese en el que morabas sin ser apenas perceptible. Llevaba más de una hora inmóvil, asida a la barandilla, temiendo que un movimiento me transportara a la dura realidad de tu ausencia, allí hundida en mis sensaciones no era capaz de alzar la vista más allá de mí misma y seguía sin verlo, a pesar de sus esfuerzos por acercarse. Quizás hizo detener el tiempo, quizás me había transportado a otro lugar, tan lejano, tan inverosímil, donde convivían seres fantásticos, mitológicos, seres solo reales en la imaginación pero que una vez escaparon de su encierro y sus ansias de libertad les llevó a un mundo donde la decepción, las falsas ilusiones, los fracasos reinaban, dando caza y anulando a los seres de noble corazón que llenos de vida se adentraban en aventuras imposibles. Entonces lo vi. Estaba rígido, su figura apenas perceptible se hizo realidad para mí. El dragón se apareció ante mí en todo su esplendor: grande, poderoso, distante... y sobre todo inmóvil, con la mirada fija en ese infinito que había sido mi compañero hasta ese instante. Estaba ahí, había estado todo el tiempo pero nadie lo veía. Transformado en roca pasaba desapercibido, como si no fuera parte de la existencia, como si de un accidente de la naturaleza se tratase, pero ahí en la inmensidad de mi desesperación se hacía patente para mí.
Una vez que posé mis ojos lánguidos sobre él, ya me era imposible desviar la mirada. Sentía como si algo nos uniera, algo más allá del espacio, del tiempo, de la existencia misma. Algo en mi interior conectaba con él. Sentí como se iba despertando de un sueño que lo había tenido alejado años, siglos... el tiempo se escurría entre sus escamas vertiéndose en la inmensidad de un mar que le daba cobijo apartándolo de la realidad. Me pareció como su cuello, que hasta ese momento había estado cubierto por las aguas verdes que camuflaban su existencia, se movía lentamente haciéndose presente en una realidad de la que había huido sumiéndose en el olvido. Giró la cabeza y me miró con la mirada perdida de aquel que tanto había padecido, de aquel que una vez decidió alejarse de la vida desapareciendo, sin dejar más huella que una breve estela apenas perceptible en el mar y solo por aquellos que habían sufrido tanto como él.
La visión de su majestuosa cabeza me hizo olvidar mi propia realidad acercándome a un ser que a fuer de ser temible me parecía indefenso. Quise conocer su historia y le pregunté. Las palabras brotaban lentas, olvidadas, extraviadas entre unas cuerdas vocales que poco a poco iban recuperando un tono y un timbre que solo yo podía percibir.
Él era un dragón y se había enamorado de una sirena. Delay, que así se llamaba la sirena, era la más bella de entre todas las sirenas que habitaban el mar. En un tiempo en el que solo la ilusión existía, cualquier criatura podía aspirar a cualquier deseo.
Su amor no solo se lo disputaban las criaturas del agua. Muchos marineros habían oído hablar de ella y se adentraban en las tormentas más terroríficas para encontrarla. Se decía que ella se divertía con los naufragios de aquellos que intentaban acercarse. No tenía corazón, solo su afán de ser más alimentaba su existencia: la más bella, la más deseada, la más ambiciosa, la más... No tenía límites y no ponía límites a sus deseos. Cuando se encaprichaba con algo no paraba hasta que lo conseguía. Su fama se extendía a la par que sus caprichos. Ella se vanagloriaba de conseguir todo lo que deseaba por muy difícil o por muy caro que costase.
El dragón era un ser noble, su vida estaba impulsada por la constante ayuda hacia los demás. No era un charlatán que contara historias para entretener ni chistes para alegrar la vida de sus semejantes. No era el líder al que todos seguían en sus correrías pero a pesar de todo era muy querido entre todos los dragones. Fue un error, él jamás debió estar allí, el agua nunca le había atraído pero sobrevolando su territorio, inmerso en sus pensamientos se fue alejando más y más hasta que el rumor de unas olas que no conocía, el olor de un mar impensable hasta entonces lo atrapó en una red de sensaciones que le hizo olvidarse de sí mismo y traspasar unos límites que significarían su fin sin poderlo evitar. Entonces lo oyó no era el rumor de las olas, era algo más cálido, más intenso, más profundo, algo que traspasaba el ser rompiéndolo en mil pedazos que con la siguiente nota se volvían a separar para de nuevo volverse a unir con más fuerza para no perderse en el rumor y adentrarse en ese canto que embrujaba, que embriagaba y del que cada vez se necesitaba más para continuar respirando, para continuar viviendo. Desde ese momento supo que sin ese canto la vida no tendría sentido para él. No sabía de dónde venía, se estaba haciendo de noche y debía regresar. No importaba, pensó, al día siguiente lo localizaría.

Vida y Milagros de Stuffen

Vida y Milagros de Stuffen

Elena G. C. nació el 8 de Octubre de 1976 en Granollers, provincia de Barcelona.
Ya desde muy pequeñita demostró inclinación por las artes plásticas (como todos los niños, para qué engañarnos…). Pero el interés de Elena parecía ir más allá de lo común a todos los críos.
A temprana edad probó suerte con la “pintura mural” (cada vez que los padres se daban la vuelta, ella estaba pintando en la pared con lo primero que pillaba, incluso se atrevía con la pintura mural, rascando el yeso de la pared con sus minúsculas uñitas…).
A eso de los cinco o seis años de edad, le dio por encaminar su obra hacia lo Oriental (sin saber nada de la famosa estampa japonesa). Por aquellos días, Elena dibujaba personas orientales, con sus ojos achinados, sus ropas orientale. Y se pasaba todo el día dibujando. Era tanta la obsesión por los “chinitos” (como ella los llamaba), que ni siquiera atendía en clase, hasta que un buen día, su profesora llamó la atención a su madre, ya que todos los niños sabían leer menos Elena (de tanto dibujar chinitos). Tras ese detalle de poca importancia, Elena aprendió a leer en una semana, pasando a ser la que mejor leía de la clase.
Con los años, Elena fue cambiando de motivaciones a la hora de abordar sus temas pictóricos, pero nunca dejó de “estar en la luna de Valencia”.
Poco a poco le iba entrando la vocación, y cada vez más. Así, mientras los otros niños querían ser médicos, dentistas o azafatas, Elena decía que quería ser pintora de retratos en la calle, sí, como los que se ponen en las Ramblas o en cualquier paseo marítimo de zona costera.
Por supuesto, el hecho de tener un vecino pintor, para el que estuvo posando para un retrato influyó en sus ilusiones de futuro (le encantaba colarse en el estudio de su vecino, sobre todo le llamaban la atención los pasteles de tantos colores que siempre tenía por todos lados).
Resulta que la madre de Elena también pintaba (era su hobby) y bastante bien, con lo que poseía unos óleos (los cuales siempre estuvieron lejos del alcance de su niña ), y algún que otro libro para aprender a dibujar, de esos con desnudos y todo. Ya a los 8 años, Elena practicaba copiando desnudos de los libros.
Le gustaban los concursos de dibujo y de poesía, y nunca dejaba de presentarse. Una vez ganó uno de dibujo, y otra vez uno de poesía.
Pero Elena no mostraba interés por las artes plásticas únicamente, también la atrajeron siempre las palabras, el cine y la música, en concreto, el piano. Y no paró hasta que sus padres la apuntaron a clases de Solfeo y más tarde piano. Le encantaban sus clases de piano, pero entre la falta de oído y piano con el que practicar, las ganas fueron mermando.
A los 12 años se fueron todos a vivir a Canarias, con lo que cambiaron los aires y Elena se olvidó del piano.
Ella siempre fue una buena estudiante, aunque casi nunca estudiaba. Según iban transcurriendo los años, disminuían los ratos de estudio de Elena, que, cuando se suponía estaba estudiando, en realidad dibujaba a escondidas. En ocasiones, su padre se daba cuenta y le decía: - ¡¿Ya estás dibujando en lugar de estudiar?!
Para entonces ya se le había metido muy adentro la idea de estudiar Bellas Artes cuando se fuera a la Universidad (porque Elena siempre supo que iría a la Universidad). Así, aunque su padre tal vez soñaba con tener una hija arquitecta o ingeniera de caminos, canales y puertos, la niña se dedicó a contentarse a sí misma, y a su madre, que siempre se quedó con las ganas de estudiar Bellas Artes.

Elena estudió Bellas Artes en la Universidad de La Laguna, en Tenerife. Donde no todo era tan fácil como esperaba. Donde la hicieron trabajar mucho y duro y donde descubrió que había gente muy buena por ahí, incluso mejores que ella (también mucho peores, por supuesto). En la Universidad de La Laguna había muchos humos, y mucho carácter de artista.
Sin embargo, Elena siempre tuvo los pies en el suelo en ese sentido. Elena siempre supo que no era un genio, ya que a los genios los terminan echando de las escuelas y facultades, mientras que ella terminó su carrera como Dios manda.
En aquélla época aprendió mucho de la amistad, y conoció a los mejores amigos del mundo, los cuales ya serán para siempre. De aquellos años viene lo de Stuffen.
Una vez terminada la carrera, se ha dedicado a buscarse la vida, ya que no hay mucho trabajo para un licenciado en Bellas Artes (en el fondo su padre tenía algo de razón). Y ha trabajado en lo que le ha surgido. Estando especialmente orgullosa de su colaboración en la restauración de la bóveda del aula magna de la Universidad Pontificia de Salamanca, subidita a un andamio, a unos 6 metros de altura.
Por supuesto tiene el C.A.P, y ha perdido parte de su tiempo en el intento fallido de preparar oposiciones a secundaria.
Elena es una pintora de brocha fina un tanto extraña, ya que todavía no ha montado ninguna exposición, pero algo le dice que eso cambiará.

Nota Calavera: Me ha parecido tan fascinante esta historia que no he podido por menos que publicarla aparte. Se lo merece.

Derivando (8)

Derivando (8)

No, no me digas nada sé que has sufrido mi autismo, negarlo sería estúpido. No te preocupes no voy a hacer ninguna tontería de la que pueda arrepentirme... Creo que ya es hora de ir abriéndome, pero no me pidas rapidez, no la tengo y no sé si la tendré. Como bien sabes, he estado aquí metido desarrollando un proyecto, pues bien es hora de presentarte el proyecto: Fénix es un Sistema Firewall, mejor dicho es el SISTEMA, como tu bien sabes las comunicaciones han avanzado mucho y actualmente este mundo está en manos de la técnica... Pues bien esta técnica tiene agujeros y agujeros muy gordos, unas veces previstos por las empresas del sector y otras debido a la ignorancia tecnológica del momento... He desarrollado un sistema capaz de combatir a todos los virus, será un sistema que vaya en el ordenador acoplado y será como un potente anticuerpo, que en el peor de los casos bloqueará el ordenador en unos minutos, volviendo, a los pocos minutos, a funcionar sin ningún problema... Bueno cariño, pues este sencillo Sistema es tan potente, económicamente hablando que las empresas matarían por él, así que si algún día me pasara algo esto es lo que tienes que hacer"... Indicándole el asiento del ordenador, se sienta y comienza la sesión informática para Leire, ella trataba de aprovechar la situación para volver a unirse (al mismo tiempo que aprendía la lección) poco a poco todo se fue arreglando... Una buena psicóloga ha de tratar de arreglar las circunstancias más duras... Acabaron revolcándose por el suelo del despacho... Todo parecía en orden... La situación se había controlado, al menos de momento...

La relación empezó a marchar bien, o lo que se puede llamar bien en determinadas situaciones. Para Leire, el hecho de que Mario volviera a dirigirle la mirada y le dedicara de vez en cuando alguna sonrisa ya era algo maravilloso e incomparablemente hermoso.
Mario, por su parte, continuaba liado en sus cosas, con su ordenador, sus programas y sus historias absolutamente incomprensibles para Leire, que lo observaba curiosa por encima del periódico.

Mario continuaba teniendo esos sueños extraños que lo asaltaban a altas horas de la noche. Cada vez más nítidos, más claros, los rostros perfectamente dibujados y los movimientos sincronizados, siempre los mismos, siempre igual. La escena se desarrollaba siempre de la misma manera.
Era de noche, peleaba con otro hombre bastante más corpulento que él, el cual sacaba una navaja e intentaba pinchar a Mario, éste se revuelve y la navaja cae al suelo, una tercera persona la coge y se la pasa a Mario, quien consigue herir a su rival, fin del sueño, Mario cae al suelo, no está muerto, está muy cansado.
Cada noche igual, ¿todas y cada una de las noches de su vida ha de soportar este martirio?.

Por el día la situación se suavizaba, Mario y Leire comenzaron a acercarse más, a planear salidas y a proponerse nuevas actividades.
El sábado por la noche cenaron en un restaurante muy bueno (y muy caro), una cena romántica de las que tanto le gustaban a Leire: vino tinto... perfecto... la música ideal y las velitas primorosas incandescentes. Una noche idílica para la parejita recién reconciliada... Nada podía salir mal.

Aquella noche iba a ser la noche, y todo estaba previsto para que lo fuera, después de una maravillosa cena se fueron al lugar más mágico de la ciudad, allí tomaron unas copas, para luego aterrizar a la luz de la luna en la playa... No había nadie, estaba vacía, sólo ellos, escogieron un lugar apartado y allí iniciaron su reconciliación... La verdad es que Mario tardó, pero la elección de los lugares fue maravillosa... Leire estaba feliz, aquello era la gloria... Leire con mucho cuidado se fue acercando poco a poco a Mario, con su táctica suave y envolvente hizo reavivar en Mario sentimientos que había dejado olvidados... Se fueron quitando poco a poco las vestimentas, que le estorbaban en ese momento... Sus cuerpos comenzaron a unirse rozándose poco a poco al principio, convirtiéndose en uno... Leire saboreaba cada uno de los momentos ralentizándolos al máximo... Mario por su parte comenzaba a olvidarse de todos los sucesos acaecidos anteriormente... Gozaron y se amaron... Amaron y gozaron, y se quedaron profundamente dormidos en aquel paraje idílico... Mario comenzó de nuevo a tener pesadillas, el sueño reincidente, Leire se asustó, el sueño había sido más profundo, casi real... Despertó a Mario e intentó abrazarlo, pero él sólo quería pensar estar solo... Se acercó al borde del paraje, el mar embravecido le llamaba incesantemente... Mario explotó en un lloro profundo y amargo... Un lloro de impotencia... Por fin había terminado de reventar su fantasma, o al menos así lo creía Leire, que poco a poco se fue acercando a él, con esa piel delicada y suave, le abrazó por detrás, acariciándole como ella sabía, y agarrándolo de una de las manos tiró de él hacia la playa... Mario al principio estaba receloso, pero Leire utilizó todos sus encantos y Mario, atrapado por la personalidad de Leire, se rindió a sus encantos y fue tras ella... Juntos se bañaron en el mar, hasta que unos pescadores interrumpieron su maravilloso baño, con juergas y comentarios un tanto “picantes”, nadaron hasta su “habitación” y allí con su último beso sellaron el “alto el fuego”.

Era especialmente agradable para ambos esta nueva situación. Se adaptaron rápidamente, como si nunca hubiera ocurrido nada malo, como si nunca hubiera existido el muro que los separara. Y era hermoso pensar que de nuevo estaban juntos y que ya nada podría separarlos.
Mario volvió, con tranquilidad, a sus asuntos tecnológicos, prestándole a ella todo el tiempo que necesitaba para sus paseos, para sus caricias y esas películas francesas que él nunca entendía.
Leire, por su parte, estaba pletórica. “Ya nada más puede separarnos, Mario, hemos pasado lo peor, mi niño, y seguimos juntos, ya nada malo hay que pueda con nosotros”, y Mario la miraba con un resquicio de desconfianza en los ojos, de alguna manera sabía que esto no había terminado, que lo peor estaba por llegar, y Leire era tan ingenua que no se daba cuenta, no percibía esa sensación que a Mario lo embargaba a través de todos los poros de su cuerpo.

Los sueños se fueron espaciando, ya no los sufría tan a menudo, pero cuando acaecían eran completamente reales, ahora no era un teatro que se mostraba ante él, era Mario uno de los participantes de carne y hueso en esa trifulca.

(continúa)

Fragua Visual

Fragua Visual

Aquí se expone el tercer cuadro de la amiga Stuffen. Por cierto, tu biografía merece la pena un tratamiento visual, un corto. Genial y sencillo.

Diario Calavera (12º)

Diario Calavera  (12º)

Hoy, me voy a permitir un lujo... Me voy a permitir el lujo de felicitar a las personas que realizan esta locura de Blog. Que empezó siendo una locura de un calavera y ha terminado por ser un pequeño panfleto incendiario con unas colaboraciones de lujo (ya quisieran El País, El Mundo, o El ABC) Por otro lado quisiera agradecer, muy especialmente a Comella Firmet. Persona a la que le debo mucho, ella se hizo cargo enseguida de mi petición de ayuda. Y queridos lectores, la apariencia y la Téxnica (impecables) se la debo enteramente a ella. Un besazo desde aquí para ella.

Por otro lado, quisiera también agradecer a los lectores y colaboradores, que "cuelgan" sus cosas más íntimas en mi Blog, para mí es un honor. Y en este apartado quisiera dar un saludo especial a Stuffen, porque la debí pillar en un momento bajo, y aceptó enseguida mi idea de crear una Galería de arte (Fragua Visual).

En fin, señoras y señores, calaveras todos, para mí es un honor tener un blog como este. Tan sólo, una promesa, procuraremos seguir como hasta ahora.

¡Hasta la próxima visita al Infierno!

Fragua Visual

Fragua Visual

Estamos inaugurando la galería Infernal.
Esta galería está supervisada por la artista Sttufen.

Título del cuadro de la Portada: Manos de Chillida.
Realizado en Serigrafía.

Este cuadro ha sido realizado por las artísticas manos de la Supervisora de esta sección, o sea, Stuffen

Fragua Visual

Fragua Visual

Hoy vamos a continuar esta sección con los cuadros de una joven artista insular (pero no por ello alejada del momento) Su nombre de "guerra" es Stuffen, y faltándome datos, sólo puedo definirla como polifacética. Y sobre todo y ante todo, gran persona. Ha accedido a invertir parte de su escaso tiempo en abrir una galería infernal. Poco a poco iremos teniendo material, mientras tanto, aquí tenemos un cuadro de ella. Pertenece a una serie titulada "Restos". Disfrutadlo.

Diálogo con el forense

Diálogo con el forense

—La causa del óbito fue debida a un apuñalamiento en el pecho.
—¿Sí? Creí que había sido por causa del veneno.
—Y usted qué sabe... ¿acaso es forense?
—No, pero...
—Entonces deje de dar opiniones ineptas.
—¿Me va usted a decir a mí, que soy el muerto, de qué fallecí?
—Usted será el cadáver pero yo soy su forense. Murió usted a causa de una puñalada en el pecho.
—Pero esa cuchillada me la produjeron cuando yo tenía veintidós años...
—Bueno... entonces usted falleció cuando tenía esa edad, lo que ocurre es que no se había dado cuenta.
—¿Habla usted todos los días con sus muertos?
—No, es la primera vez. Normalmente los cadáveres no dicen ni mú. Creo que se quedan sin habla del susto...
—¿Qué susto?
—El estupor de saberse difuntos.
—Pues yo no estoy asustado, además le digo que fenecí por ingerir estricnina, ¡si lo sabré yo!
—No soporto que un neófito trate de darme lecciones. Usted, señor mío, está aquí sobre mi mesa, abierto en canal, por haber sido acuchillado con arma blanca... ¿Quiere un poco?
—¿Qué es?
—Bocata de anchoas, con pimiento, tomate y mayonesa.
—No, gracias, no soportaría comer donde hay cadáveres.
—Pues está muy rico. Escribiré el informe de su muerte.
—¿Veneno?
—Puñalada.
—Bueno, informe como quiera, total, ya me da igual... Mientras escribe, ¿podría quitar el bocadillo de encima de mi hígado?, me está pringando todas las vísceras...
—Oiga... ¿recuerda quién le acuchilló?
—Sí señor forense. Fue un chaval que aseguraba que mi novia era su mujer. Ya ve, gente rara que hay por el mundo.
—Y... ¿era su mujer?
—No, era mi novia, mujer era de él. Lo que pasó es que el chico decía que ella no podía ser de los dos; no sabía compartir, no tenía ni pizca de solidaridad.
—En tal caso, el chico ese es su asesino. Informaré a la policía para que lo detengan.
—Bueno, eso pasó hace treinta años; ya no le guardo rencor.
—Bien, entonces no lo notificaré a la policía.
—Yo creía que me había suicidado con estricnina pero si me mató el chaval pues... ¡entonces es homicidio!
—Claro. Igual usted, al no percatarse de que ya estaba muerto, tomó el veneno para matarse, porque en realidad usted lo que deseaba era estar muerto.
—Imposible, yo no sabía que ya había fallecido. Incluso me afeitaba, duchaba e iba a trabajar todos los días a las siete. Además, si me asesinaron, deberían atrapar al homicida.
—¿Le guarda rencor, después de tanto tiempo?
—¡Lo odio con toda mi alma! Oiga, debería usted revisar mi estómago.
—¿Para qué?
—La estricnina...
—¿Otra vez?... le digo que la estricnina fue después, ya usted estaba muerto por el navajazo. Tal vez debería inspeccionar su vientre, por si el origen de la muerte fuera debido a alguna clase de veneno. Simple rutina.
—Yo creo que fallecí por una cuchillada, pero usted es el experto...
—Voy a coserlo ya.
—¡No!, aún no señor forense.
—¿Por qué no? Debería de saber que su entierro será pronto.
—¿Cuándo?
—Esta tarde, creo. Han venido su esposa y sus hijos... querían estar al corriente y si ya estaba todo listo.
—Dígale a mi esposa que me gustaría que me incinerasen.
—No llore hombre. Debería decírselo usted mismo pero como le veo tan triste...
—No lloro, es que se le ha caído algún mejunje y me ha saltado en los ojos.
—¡Ah!... sólo es desinfectante, tranquilo que no es malo para la salud.
—De acuerdo, pero debería usted lavármelos con agua, por si acaso...
—¿Está seguro de que no quiere un poco de bocadillo? Quizá le dé asco comer donde hay cadáveres.
—¡Qué va!, si yo tengo un aguante enorme. Una vez me comí unas cucarachas crudas...
— ¡Qué asco! ¿Y no tuvo arcadas?
—Sí pero se me pasaron a las tres semanas.
—Bueno, menos cháchara que tengo que acabar mi trabajo; todavía me quedan tres muertos más antes de irme a casa.
—Cósame entonces, pero no olvide decirle a mi esposa que no quiero que me incineren.
—Se lo diré, no tema. Prefiere una sepultura donde le lleven flores ¿no?
—No. Tengo decirle que... Bueno, le diré la verdad. Estoy vivo.
—¿Y que hace entonces sobre mi mesa? ¿Cree que puedo perder el tiempo tan estúpidamente? ¡Levántese enseguida!
—Vale, pero no se enfade, oiga.
—¡Fuera de aquí mentecato! ¿No le da vergüenza? ¡Su mujer ya tenía preparado el sepelio, con cantos gregorianos y todo!
—¿Gregorianos? ¡Nunca he soportado ese tipo de cantos! ¡Lo mejor que hice fue no morirme! ¡Ya ni uno puede fallecer en paz!
—Bueno, tampoco es para tanto... no se enoje usted que le da un ataque cardíaco.
—Pues mire, ni mal estaría que para lo que uno vive... Si al menos en mi funeral me loasen con cantos gregorianos ¡ Me complacería tanto!
—Creo que es mejor que se vaya señor vivo.
—Sí, ya me voy... oiga ¿sabe?, me gustaría que, cuando yo muriese, fuese usted mi forense ¡Ha sido usted tan amable!
—No se preocupe que me ocuparé de que así sea. Me halaga usted...
—¿Terminó de coserme del todo?
—Sí, está usted igualito que cuando llegó, pero sin morirse.
—Bueno, pues muchas gracias... ¡Vaya! ¿Cuándo llegué estaba muerto?
—Por supuesto; se lo dije bien clarito, pero se empeñó usted en que no y ya ve... el cliente siempre lleva la razón. De todas formas, si cambia de opinión, ya sabe donde me tiene; seguiríamos charlando sin traba alguna, ya que estando usted difunto podría quedarse aquí el tiempo que...
—Adiós señor forense; no creo que quiera morirme, pero por si se me ocurre, ¿por quién pregunto en ese caso?
—Evaristo Estilete Agudo, para servirle.
—Narciso Perpetuo Indeciso, a sus órdenes.




D. S. - Espuma.

Derivando (7)

Derivando (7)

...respirar: las costillas rotas oprimían la cavidad torácica y los pulmones no respondían a los masajes. Rápidamente se la llevaron a la sala de operaciones, y Mario no supo nada más a partir de ese momento.

Llamó a Leire “Ven rápido, Luisa está mal, la acaban de llevar a no sé dónde porque no puede respirar”.

Leire se puso la ropa del día anterior, la que tenía más a mano, y voló al hospital saltándose todos y cada uno de los semáforos. Cuando llegó, Mario la esperaba en la puerta exterior del centro médico fumando como un poseso “Mario, si tú no fumas…”, “Alguna vez tendría que empezar, ¿no?”. Mientras subían en el ascensor Mario le explicó a Leire lo ocurrido y su sentimiento de culpa por haber dejado a Luisa sola en ese momento. Él no sabía lo que podía ocurrir, ella estaba bien cuando bajó a la cafetería, pensó que la noche ya estaba superada y que todo iba según lo previsto.

Leire trató de tranquilizarlo, “Esto hubiera ocurrido tanto con tu presencia como sin ella, si no podía respirar no podía hacerlo, en qué ibas a ayudarla tú, ¿le harías el boca a boca?, no seas estúpido y no te preocupes, lo médicos harán todo lo que esté en sus manos”.

A esas horas el hospital era un terreno desolado en el que sólo habitaban espíritus soñolientos y preocupados, no era un buen sitio, no lo era.

Un doctor llegó a ellos y les comentó todo lo acontecido en esa mañana, y el trágico desenlace, Luisa había muerto en la mesa de operaciones, básicamente fue una complicación respiratoria (todos nos morimos porque se nos olvida respirar) causada por un montón de heridas y complicaciones sufridas en aquélla brutal paliza... El mazazo fue grandioso, nadie podía esperárselo de Luisa, una mujer con la cabeza bien amueblada, políticamente correcta, sana y con mucho sentido común... ¿¿¿Cómo pudo suceder??? Esta pregunta se la hicieron un millón de veces Leire y Mario los días siguientes, las semanas y los meses después... Tal vez el resto de su vida y cada una de las veces que se hacían esta pregunta, el resultado era el mismo: MISTERIO...

Los días siguientes a su muerte, Leire y Mario pululaban por la casa en silencio, meditabundos, como si fueran fantasmas... No podían soportar aquel hecho, por muy mal que hubieran estado sus relaciones con Luisa... no podían aceptar su pérdida y menos de una forma tan ridícula e infantil... Su funeral fue algo agobiante: Sus familiares, el cura, los amigos y ese lugar que parece una ciudad más que un lugar de descanso (la ciudad de los silenciosos, la llaman algunos) Leire no pudo aguantarlo más y lloró, lloró tan amargamente... tan desconsoladamente que el silencio existente en aquél lugar tomó otra dimensión... Mario por contra se comía la rabia, una rabia de impotencia y odio: LA RABIA...

Su relación no fue la misma desde entonces, Leire buscaba a Mario, pero Mario se escondía en su trabajo, en sus proyectos, intentando huir desesperadamente de la idea... del RECUERDO...

Por su cabeza no dejaba de rondar la idea de la venganza, planeaba situaciones disparatadas que luego quedaban en nada. Proyectaba noches de navajas y puños en callejones remotos, sangre en las aceras y una imagen inexacta de su cuerpo tendido en el suelo. El cuerpo parecía inmóvil junto a otro de grandes dimensiones completamente bañado en sangre.
Soñaba esa escena noche tras noche y se levantaba empapado en sudor y con un regusto metálico en la garganta. Leire se hacía la dormida, pero notaba perfectamente el levantarse de Mario, sus pasos hacia el baño e imaginaba su rostro hundido en el lavabo chorreando agua por todo el suelo. Mario necesitaba ayuda, ella era psicóloga, ¿por qué no podía acercarse él y hablar del asunto con naturalidad?.
Mario rehusaba su contacto, sus ojos se tornaron amenazadores y distantes, la traspasaba con la mirada, no la miraba a ella, miraba a través de su cuerpo intentando encontrar algo, procurando hallar no sabía qué cosa.

De este modo pasaban las horas, los días, sin palabras, sin caricias. Mario perdido en su universo informático y Leire mirando ese cuerpo que divagaba por otros lugares y se refugiaba en lo indefinido de la pantalla.

Una noche, Leire escuchó a medias una conversación telefónica de Mario. Hablaba de algo urgente, de un objeto que necesitaba con premura, ¿de un archivo?, ¿de un arma?. Cazaba las palabras al vuelo, leves, se le escapaban algunas y trataba de reconstruir ciertos términos técnicos sin resultado. No sabía de qué trataba la conversación, pero Mario la terminó muy nervioso dando un puñetazo sobre la mesa y maldiciendo su suerte.
¿Qué podía hacer ella si él no se dejaba ayudar?, no lo podía obligar a que la atendiera, no lo podía obligar a seguir un tratamiento, sólo podía esperar a que esto se resolviera de la mejor manera haciéndole las cosas más fáciles.

Pasó un mes después de la muerte de Luisa, Mario había comenzado a reconducir su conducta hacia su trabajo, y Leire comenzó a tranquilizarse, relativamente... Se pasaba horas muertas en su estudio con el ordenador... Una noche llamó a Leire a su despacho... A Leire le hizo mucha ilusión, tal vez aquélla fuera la primera fase de una posible solución, entró con mucha ilusión, aunque con cierta angustia en el despacho de Mario... Mario la vio y la invitó a sentarse, Leire le sonrió con dulzura y Mario le devolvió la sonrisa, Leire empezó a pensar que aquello iba por buen camino... Mario comenzó a hablar: "Lamento mucho haberte ocasionado tantos problemas y angustias...

(continúa)