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Calavera Infernal

EL HIJO DEL AIRE

EL HIJO DEL AIRE

No hace mucho tiempo, un amigo marroquí, estudiante de medicina, al preguntarle por los curanderos de su país, me contó la siguiente historia:
- Hay cosas que no tienen explicación racional, pero no por ello hay que creerlas ni negarlas. En mi país hay dos tipos de brujos o curanderos, uno de ellos es el Chaouaf, que los encuentras por cualquier sitio y hacen ritos espirituales para contactar con los espíritus, tanto para hacer el bien, como para hacer daño a otra persona. Los otros, los que me merecen más respeto, son los Alfaquíes, hombres santos que generalmente viven aislados, en las montañas, también en los desiertos, viven muy pobremente, pasan el día rezando, su compañía son los espíritus, conocen todo tipo de plantas curativas, también pueden curar en la distancia, la gente de las regiones montañosas como el Gran Atlas, recurren a ellos, no sólo por fe, sino porque los médicos son escasos. No piden pago, al menos material, aunque a menudo imponen algún tipo de penitencia, creen que las enfermedades están relacionadas con algún tipo de trastorno espiritual o incumplimiento de algún mandato divino.
La gente les tiene mucho respeto y porqué no decirlo, miedo, no dejan acercarse a los niños.
Dicen de uno que vivía en la montaña donde yo nací, que una vez una mujer en estado avanzado de gestación, lo estaba pasando muy mal, le vino una fiebre muy alta, el color de su piel se había vuelto amarillo, no retenía en su estómago ningún alimento, era una mujer joven, este era su primer embarazo y hasta ahora había dado muestras de buena salud. El marido de esta, temiendo por su vida, subió a la montaña en busca de un Alfaquí milagroso que le habían comentado que vivía allí desde hacía muchísimo tiempo, parecería, escuchando a la gente del lugar, que fuera tan viejo como la montaña.
Tardó tres días en dar con él. Al tercer día lo encontró, sentado en el camino, con un cayado en la mano, esperándolo. Iba vestido con una túnica marrón, cubría su cabeza con un turbante también marrón, de ese color propio del pasado, del olvido, de la capa de polvo que rodea a los recuerdos. Su larga barba tapaba medio rostro, confundiéndose su extremo con la túnica, su frente, surcada de dos largas arrugas, como cuencas de dos antiguos caudalosos ríos, sus ojos grises, como la niebla, hundidos bajo las blancas cejas. Parecía de pequeña estatura, sus manos apoyadas en el cayado, que semejara su tercera pierna, estaban tan arrugadas como la piel de una tortuga, su posición era la de una larga y paciente espera.
El hombre de nuestra historia, se sobresaltó al ver aquella mancha marrón en medio de la inmaculada nieve. Llevaba dos días caminando en la montaña, en pleno mes de marzo, después de un crudo invierno que aún no había acabado, había dormido poco en los recodos de las rocas que encontró al paso, durante todo el camino había ido recitando el Corán, se había alimentado de pan y queso y como única bebida la nieve que encontraba en el camino. Al verlo, cayó de rodillas, no sabía si era mayor el miedo a perder a su esposa o el respeto a ese venerable anciano, ambos, capaces de hacerle olvidar su propio cansancio. Al levantar su cabeza le pareció que el anciano había aumentado su estatura, era muy alto. El Faquih le indicó con un gesto que se sentara en una roca que había a su lado, al mismo tiempo se llevaba el dedo índice a la boca indicándole silencio. Le dio a masticar una yerba seca, a los pocos minutos, masticándola despacio, notó como si su sangre fluyera de nuevo, el calor volvía a su cuerpo, el bienestar, la ausencia de dolor se apoderaron de él y una sonrisa de agradecimiento se iba dibujando en su cara. Entonces, escuchó una voz, clara y grave, sin poder determinar su origen, la sentía como si saliera de la roca en la que se hallaba sentado y le envolviera todo el cuerpo antes de llegar a sus oídos.
- Tu mujer vivirá, dijo, dará a luz a dos hermosos varones, gemelos idénticos salvo por un pequeño detalle, el color de sus ojos. Uno, el mayor, tendrá los ojos azules y pasará su vida mirando al cielo. El segundo en nacer llevará en sus ojos el color de la tierra. Ambos serán fuertes y sanos, nobles y estudiosos, los dos alcanzaran la sabiduría. Pero tu tendrás solo al segundo, el otro, el primero en nacer, has de entregármelo, será mi sucesor cuando yo me vaya, ya no me queda mucho tiempo en estas montañas.
El hombre se quedó dormido, aún así siguió recibiendo instrucciones en sueños, supo lo que debía hacer para entregar al niño al Faquih sin que nadie supiera nunca de su existencia, supo que al bajar de la montaña encontraría una cabra, debía llevársela consigo, que el parto sería pronto, que nada más nacer el primero, debía envolverlo en una manta de lana color marrón y sacarlo a la luz de la luna, junto con la cabra, depositarlo al pie de un olivo, no lejos de su casa, y después atender al segundo parto y olvidar para siempre a ese hijo, que según el Faquih no era suyo, sino del cielo, como indicara el color de sus ojos, y a él lo entregaría. En caso de no hacerlo, perdería uno a uno a todos los miembros de su familia.
El hombre despertó, se encontró encima de una cama de paja, con varias mantas de lana por encima y cerca de una hoguera de llama discreta, en lo que parecía ser el fondo de una cueva. A su lado había un cazo de leche tibia, la bebió y le supo a gloria. Llamó al Alfaquí en voz alta, varias veces, pero nadie contestó a su llamada. Supo entonces que era la hora de emprender el regreso, ya no tenía encima la tristeza de perder a su esposa, al contrario iba a ganar a dos hijos, bueno, solo a uno. ¿Sería capaz de entregar el primero nada más nacer? .Era obligatorio, mejor no pensarlo.
Depositó dos quesos que llevaba en su alforja, en prueba de agradecimiento y rezó dando gracias a Dios por todo este consuelo.
La cuesta abajo era más ligera, ya no le pesaba la pena, ahora llevaba en su zurrón sólo un trozo de queso y otro de pan, estaba impaciente por ver el milagro prometido, su mujer sana y salva, este embarazo le había quitado la salud y la alegría, parecía una flor mustia, ahora la vería reverdecer, otra vez guapa, ilusionada con el nuevo hijo, como había sido siempre, como tenía que ser. Su padre no se equivocó al elegirle esposa, le había hecho tan feliz siempre risueña, resolviendo los asuntos cotidianos de la mejor manera.
Encontró la cabra cerca de la aldea en la que se habían instalado hasta que su mujer se repusiera, la había traído aquí al lugar donde nació y se crió para intentar sanarla con el aire puro , más lleno del oxígeno que corría por estas alturas. La cabra lo siguió dócil, esto aumentó su esperanza, su sueño se estaba cumpliendo, llegaría a tiempo de cumplir su parte.
El cielo le estaba dando una oportunidad de seguir siendo feliz junto al ser que más quería, no se había dado cuenta de la falta que le hacía hasta que no la vio irse de este mundo . No podía ni quería imaginarse como sería la vida sin ella, sólo dos años antes, cuando aún era soltero, estudiante y vividor, sin responsabilidades. ¡Le daba tanto orgullo su familia!
Ella nunca debía saber que eran dos los hijos que llevaba en su vientre, ¿Cómo mentirle?, nunca lo había hecho, mejor no pensar, las cosas estaban saliendo bien, confiaría en el anciano, a él al devolverle la esperanza, también le había devuelto la vida.
Al llegar a casa encontró a la mujer dormida, serena, con su piel más sonrosada, su respiración, aunque agitada, mucho más pausada que la que él recordaba. La besó suavemente en la mejilla, sin despertarla, tampoco despertó a la vieja criada que la cuidaba.
Avivó el fuego de la chimenea, puso abundante agua a hervir y se descalzó, tenía los pies hinchados y doloridos, los metió en agua casi hirviendo, sintió en sus pies todo el cansancio de los últimos cinco días caminando en la montaña. Ya no era joven, tampoco viejo. La vida en la ciudad le había aflojado los músculos y abultado el vientre, antaño liso. Era un hombre alto y corpulento, pero estaba empezando a sentir el peso de los años, rondaba los cuarenta, o tal vez era el peso de los kilos lo que se le venía encima, su esposa en cambio no llegaba a los veinte.
Preparó un té con mucho azúcar, incorporó a su esposa sin despertarla y le dio a beber un trago, le hizo bien, pues le devolvió una sonrisa entre sueños. Se acostó a su lado, sintió la tibieza de su cuerpo y se adormeció.
Aún no había amanecido cuando lo despertó un quejido, un terrible y desgarrador grito a su lado, sintió las manos de su mujer clavadas en su brazo, vio su cara de angustia bañada en sudor y supo lo que debía hacer, hirvió agua en abundancia, cerró la puerta de la estancia con la esperanza de que la vieja criada no se despertara y se dispuso a atender el parto con una maestría extraña, nunca había visto un parto, ni siquiera de los animales domésticos y si se hubiera dado tiempo a pensarlo, no lo habría hecho, pero era como si una fuerza sobrenatural le guiara los pasos a seguir, el bebé ya asomaba la cabeza cuando la madre perdió el conocimiento después de dar el último empujón al recién nacido, el cual, envuelto en sangre y con un largo cordón reliado por todo el cuerpo y firmemente pegado a la barriga, abrió la boca en un largo bostezo y tomó su primera bocanada de aire fresco, sin llorar.
¡Que hermoso es ver nacer a tu hijo!- pensó. Lo lavó primero con todas las toallas que encontró apiladas en una silla, luego cortó el cordón umbilical con un cuchillo de cocina, previamente pasado por el fuego para desinfectarlo, y con lágrimas en los ojos lo vistió y arropó en una gruesa manta de lana marrón y lo abrazó llorando.
La cabra que en todo momento había permanecido a su lado, aunque él hubiera olvidado su presencia, le mordió la pierna suavemente, avisándole que no perdiera tiempo, el día se iba imponiendo a la noche, estaba clareando. Salió en busca del olivo, donde dejar su tesoro, apenas visto, pero sentido como si de su propio corazón se tratara. Le añadió otra manta más por encima, hizo un hueco en la hierba con las manos y lo acostó, la cabra inmediatamente lo amamantó como si de una cría suya se tratase, no podía dejarlo allí, se quedó inmóvil observando el milagro, el niño abrió sus ojos y lo miraba con una mirada azul inolvidable. El alba había llegado, oyó un nuevo grito, aún más fuerte si cabe, que el primero. ¡Este es mi verdadero hijo!, pensó, y echó a correr hacia la casa.
El segundo hijo asomaba la cabeza, pero no acababa de salir, quedaba agua hervida, pero no muchas más toallas limpias, la mujer estaba llena de sangre, él había olvidado limpiarla, absorto como estaba por el niño, la esposa estaba muy pálida. La vieja criada asomó la cabeza por la puerta, había oído este desgarrador grito y al ver tanta sangre se asustó.- ¿Qué ha pasado aquí?, preguntó, y sin esperar respuesta gritó:
- ¡Se nos va!
- ¡No!, dijo él, no se nos va, al ver que la mujer se ocupaba de traer al mundo a este niño, él se abrazó a su esposa y se dejó llevar por el llanto, como un niño asustado, este llanto lo liberaba de la tensión vivida.
- No te puedes ir, tienes que ver como crece tu familia, no puedes dejarme solo, no sabría cómo vivir sin ti.
Ella hizo un último esfuerzo y volvió a perder el sentido. El niño nació y la vieja criada se ocupó de todo, no era el primer parto a que asistía, era una experta en estos menesteres. El mientras tanto seguía aferrado a la mano de su esposa que había sucumbido al dolor por segunda vez, le susurraba al oído palabras cariñosas, le besaba la mano, se la mojaba con sus lágrimas y la arrullaba como había hecho con su primer hijo, como si fuera ella la recién nacida, le pedía perdón por ser él la causa de tanto sufrimiento y cuando la anciana le puso el niño entre los dos, encima del regazo de la madre, aún inconsciente, le vino el recuerdo del otro, del abandonado, los rayos de sol se colaban ya por la ventana. Se secó la cara y salió murmurando una excusa, llegó hasta el olivo, allí no había nada, ni siquiera la huella de la cunita de hierba, ni siquiera las huellas de las patas de la cabra que tan gentilmente lo había amamantado.
El pueblo se había levantado, las mujeres se acercaban a la casa para preguntar en qué podían ayudar, lo vieron allí, arrodillado, tanteando el suelo con las manos, los ojos anegados en llanto, pensaron lo peor, que la esposa había muerto, rodeándolo en silencio, trataron de levantarlo sin conseguirlo, hasta que alguien gritó desde la casa que la mujer había despertado, sólo entonces, abandonó su cunita de hierba y abrazó a su esposa.
- Y así acaba el cuento, ya conoces un poco más a mi pueblo, dijo mi amigo, ahora sólo te falta ir en persona.

Dos años más tarde de escuchar esta historia, me surgió un viaje al desierto del Sahara, con unos amigos, íbamos en un jeep, con tiendas de campaña, por el camino nos íbamos uniendo a otros grupos de aventureros, recorrimos kilómetros de desierto, visitando todos los poblados y asentamiento de beduinos que encontrábamos a nuestro paso.
Un día, me empecé a sentir mal, me subió mucho la fiebre, parecía una gastroenteritis, mis amigos fueron a buscar a un médico y de paso la manera de llevarme a un hospital, porque la cosa parecía seria y estábamos bastante alejados de cualquier centro médico.
Me quedé sola en la tienda, en un estado de duermevela, por la fiebre, empecé a escuchar una voz grave y clara entonando un cántico extraño, como una especie de letanía en un idioma raro, miré al lugar de origen de esta melodía y vi una silueta de un beduino sentado en el suelo, no muy lejos de donde yo me encontraba, llevaba una túnica marrón, un turbante en la cabeza marrón también, de ese color propio del olvido, del pasado, de la capa de polvo que rodea al recuerdo.
Me miraba atento, al verme despierta me alcanzó una yerba seca, me dijo que la masticara muy despacio, al verlo de cerca, creí que era mi amigo, él que me contó el cuento dos años antes, era idéntico, los mismos rasgos, los mismos movimientos de las manos, pero percibí un detalle diferente, un único detalle, su mirada era azul, del color del cielo.
- ¡ Conozco a tu hermano gemelo, tu doble!, Le dije, sin poder contenerme de la sorpresa. Me arrepentí enseguida, si era verdad y no estaba delirando por la fiebre, no tenía que haberle dicho nada, era mejor que nunca supiera esa verdad. Tenía que ser doloroso saber que a uno lo separan de su otra mitad y nunca la va a llegar a conocer.
Ante mi sorpresa, me contestó:
- Yo también conozco a tu doble, vive en el Gran Atlas y como yo, es hija del aire, ella
ha sido la que me ha enviado a ayudarte al saberte en peligro, no temas nada, estás en buenas manos.

Ojos como manos

Ojos como manos

En pie uno frente al otro sin hablar ni tocarnos , en una estación fuera del tiempo , sin gente , sin trenes , sin ruido , acunados por el silencio de los que tienen todo por decir , le miré apurando los últimos segundos del último adios . Sus ojos me acariciaron como manos y , abrazada contra su corazón , supe que ésta sólo era la primera de muchas últimas despedidas.

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Los virus escapan en como pueden...

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SOÑANDO CON ÁFRICA

SOÑANDO CON ÁFRICA

“…algo tan risible como su lucha contra los molinos de viento revela una desesperada verdad de la condición humana. Lo mismo ocurre con los sueños, de ellos se puede decir cualquier cosa menos que sean una mentira.”
“La Resistencia” – Ernesto Sabato

Todas las personas son diferentes, pero todas tienen características en común. Todos soñamos, pero mientras algunas personas sueñan, otras, muy pocas, se despiertan en un sueño.

Le había llegado el turno a Antoñito, que con su flamante título de contador bajo el brazo, comenzó a pensar en casarse y formar una familia. Hijo único de doña Rosa, una mujer de carácter firme, que estando en el noveno mes de embarazo, enviudó por culpa del conductor de un tranvía, en el que viajaba su marido rumbo a su trabajo, que una madrugada cruzó el Riachuelo con el puente levantado. Doña Rosa con los ingresos del seguro y una pensión del difunto, consagró su vida a ese hijo. Y no fue una tarea fácil para una mujer sola elegir lo que convenía o no para Antoñito, desde el color de las medias hasta la vocación. No pocas discusiones tuvo para convencerlo de abandonar ese sueño loco de ser biólogo marino, por una carrera más redituable. Tampoco fueron pocos sus esfuerzos para alejar a todas aquellas oportunistas que se acercaron a tomar por asalto el corazón de su hijo.

Así, Antoñito, que era más sano que el aire de campo, pintón y profesional, lo que se dice un buen partido, se puso a buscar compañera. Pero era difícil llenarle el ojo a doña Rosa y ninguna de las candidatas resultaba ser para su madre merecedora de estar a su lado. Un día, en un té canasta al que la llevó, conoció a una chica. No era el tipo de mujer que lo atraía, pero tenia algo familiar en sus formas. Después de un par de salidas, juntó coraje y se la presentó a su madre. Terminada la cena, las mujeres se sentaron a conversar y en un momento en que la chica pidió permiso para ir al baño, Doña Rosa aprovechó para decirle a Antoñito que ésa era la mujer que sabría decidir lo que era mejor para los dos y lo abrazó.

Y fue así como Antoñito se casó, prosperó y vivió tranquilo, hasta su séptimo aniversario. Pensaba darle una sorpresa a su mujer. Un mes antes, se entrevisto unas cuantas veces con una corredora de viajes y con la vendedora de una joyería de la calle Alvear. Para no despertar sospechas, salía del trabajo al mediodía y se reunía en una confitería cercana. Una semana antes de la fecha, su mujer lo llamó a la oficina para pedirle que almorzaran juntos, porque tenía algo importante que decirle. Ya en el restaurante, ella sin ningún preámbulo, le pidió el divorcio. Antoñito no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Trató de preguntar el porqué, pero la respuesta llegó antes. Ella firme agregó que tenia pruebas de su infidelidad. El mundo se detuvo en silencio. Cómo podría acusarlo de ser infiel a él que ni en sueños le había faltado. Es más, sólo tenía un sueño, era un tipo con un sueño solo. Después de abandonar la pubertad soñaba con una mujer de piel negra. Pero no cualquiera, no una mujer bien definida y africana con esa piel oscura casi azulada. Nunca se había atrevido en el sueño a avanzar sobre ella, sólo la admiraba. En la cabeza de Antoñito sonó la alarma de un despertador. Llamó al mozo, pidió la cuenta y le dijo a su mujer que esa misma tarde pasaría a buscar su ropa para mudarse a un hotel.

Una semana le llevó a Antoñito darse cuenta de que a los pájaros que nacen en cautiverio les cuesta adaptarse a la vida salvaje y muchas veces no logran alcanzar la libertad después de dejar la jaula. Todos los días salía a las diecinueve horas y caminaba hasta el restaurante en donde cenaba para luego regresar a su habitación. Un miércoles caminaba por Carlos Pellegrini y al llegar a la esquina de la Avenida Córdoba, parada junto a la puerta de la confitería, estaba la mujer de sus sueños. Era ella, alta casi como él, con formas bien torneadas, cabello largo frisado que arrastraba la noche, manos grandes de palmas muy blancas y dedos finos y una boca de labios gruesos y rojos. Pero lo más importante era su piel de color negro azulado.

Sin saber cómo se despertó el pirata que no sabia que llevaba dentro y se lanzó al abordaje. Pronto estuvieron dentro de la confitaría y con unos cuantos cafés supo en lenguaje portuñol que había nacido en Mozambique, hija de un portugués y de una mujer de la tribu Zulú. Después de la muerte de su madre, su padre trasladó el negocio de fertilizantes para tabaco a la ciudad de Sao Borja en Brasil, manteniendo su comercio con el norte argentino. Cuando éste murió, hizo todo por sobrevivir, pero en una ciudad de frontera es muy difícil la vida, así que se trasladó a Buenos Aires, donde se ganaba la vida acompañando turistas, haciendo uso de su idioma.

Llegó la cena y por efecto del vino, él la invitó a su habitación. En el camino tomándola de la cintura le susurró si podía llamarla África. Ella con picardía dijo que mientras pagase la tarifa podía llamarla como quisiera. Antoñito y la mujer de sus sueños entraron en la habitación. Ella se dirigió al baño y él con todos sus miedos juntos, se desnudó tirándose en la cama. Nunca había estado con otra mujer que no fuese su esposa. Puso música para calmarse. Sonaba Sabina…”el sexo con amor de los casados…” la Magdalena. La idea de que pronto develaría los secretos de aquel cuerpo y la sensualidad de la mujer que despertaba su deseo pudieron más que los miedos. Sintió el picaporte y se incorporó para recibirla. La luz del baño iluminaba el continente africano al desnudo. Los ojos de Antoñito fueron bajando y se quedó petrificado. Había partes del continente que no figuraban en sus sueños. No podía creer lo que veía. Volvió en si, pasó junto a ella, recogiendo su ropa y entró al baño atacado de náuseas y mareos. Se vistió como pudo y buscó la salida sintiendo a sus espaldas un gemido en llanto.

Ese miércoles cambiaria la vida de Antoñito radicalmente. Después de un par de semanas de cavilaciones, preguntas, respuestas, su cabeza alcanzó un orden y acuerdo. Volvió a su casa y a su mujer. Doña Rosa agradecía a la Virgen del Pilar que hubiese recuperado la cordura. La vida continuó sin sobresaltos, pero eso sí, Antoñito todos los miércoles a las diecinueve en punto visitaba África.

SeLLa: Informa

SeLLa: Informa

La Agencia de Información busca personal para enviar Información al Infierno. Todo tipo de Información. Nuestra organización llevará la siguiente indumentaria:
-Bata guatiné (unisex).
-Pinganillo de comunicaciones "Sonotone" (Trompetilla "Abuelita dime tú").
-Pc Portátil multifunción "Centrino" (Block Unipapel con Inoxcrom color negro).

Mañana se expondrán las pruebas selectivas y la fecha del exámen para el ingreso en la Agencia... Seguiremos informando. Buenos días...

(Jefe de la Agencia Mr. ToRo)

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"Uys, he cambiado la bici por la máquina del Tiempo"
Fotomontaje realizado por Enfero

SeLLa: Nueva Agencia de Información

SeLLa: Nueva Agencia de Información

El Infierno acaba de inaugurar una agencia de Información secreta. El Jefe de la Agencia se llamará ToRo, nombre en clave por supuesto de (Tomate Rojo) y su móvil personal es el 6666969691. Si quieren enviarle algún emilio, aquí va la dirección ToRo@llamasdelInfierno.com.

Esperamos todas vuestras informaciones, confidentes y chivatos

D. Cerrojote y Pakitanza : Pokito a Poco

D. Cerrojote y Pakitanza : Pokito a Poco

Estos dos individuos han vuelto a las andadas, y ahora han metido a un niño en sus negocios para sacar pingües beneficios... El niño se llama Pokito... Esto se Merece el Infierno de por vida.

Diario Calavera

Diario Calavera

Ultimamente no sabemos valorar en su justa medida lo que ocurre a nuestro alrededor, creemos que algunos miembros de la sociedad son más que nadie (mitomanía) y eso es mentira, totalmente falso. No son todos los que están, ni mucho menos están todos los que son. Por otro lado, debido a nuestro injusto sistema social se están perdiendo todos los días muchas ideas y muchas más voluntades que ayudarían a resolver parte de esa gran duda que es la existencia. Abreviando... Toda la gente que nace, muere. Lo que está en el medio es lo verdaderamente importante. Pero claro sólo se reconoce esa vida si ha sido Verdaderemente Importante. Y saldrá publicado en todos los medios de comunicación. Es más importante la muerte de una persona que la muerte de cientos de ellas todos los días por motivos estúpidos. Ver para creer... Buenos días...

Historia Infernal

Historia Infernal

Existio una epoca en que los hombres eran buscatesoros,todo aquel que ya siendo un hombre, marchaba a lugares inospitos y desconocidos en busca de algun tesoro., y como cuenta la leyenda.
Jimul era un hombre joven muy guapo,el mas valiente y osado de aquel lugar.
Asi emprendio viaje el joven aventurero.
Paso mucho tiempo, recorrio selvas completas, no quedaba lugar que él no hubiese excursionado.
Ya se daba por vencido, cuando una noche de luna llena,observo una luz que salia de una cueva.
Sin miedo alguno se adentro por los oscuros pasillos de aquel tenebrozo lugar.
Camino mucho, mucho tiempo.
Depronto, vio ante sus ojos una tumba sellada,y el nombre inscrito en ella decia " Nofret, Diosa egipcia, sepultada con una maldicion"
Jimul no se atemorizo, al contrario, su curiosidad y ambicion acrecento.
Abrio la tumba y vio una momia,muy bien conservada,y en su pecho la joya mas grande que el hubiese imaginado alguna vez...
Sin penzarlo dos veces, se la arrebato, sus ojos brillaban y la avaricia corria por sus venas. Se quizo marchar, pero una voz le nombro...! Jimul,Jimul!
Aterrado vio ante èl, como la momia habia cobrado vida y se acercaba furiosa a recuperar lo que le habia robado.
Asi este valiente hombre paso a mejor vida.
Dice la leyenda que de vez en cuando en esa cueva, se escuchan los gritos de un hombre y la sonriza de una mujer ...
Aunque actualmente se cuenta, que se escuchan solo risas y alguno que otro gemido de la momia .
Y vivieron felices para siempre.

Diario Calavera : No es un tomate cualquiera

Diario Calavera :  No es un tomate cualquiera

Había una vez un valiente tomate, que era líder de un huerto.
El se preocupaba por mantener el orden y la seguridad de las hortalizas.Pero un día, llegaron unos hombres y se lo llevaron cautivo, lo encerraron en un cajón junto a otros tomates.
Por las rendijas de aquella prisión observaba como se alejaba de su hogar.
...Pero por cosas del destino la camioneta donde le llevaban., tuvo un reventón de neumáticos y el cajón donde el estaba salio disparado, volando por los cielos, fue a parar a un riachuelo,
Cayó sobre una rama que flotaba sobre las aguas tranquilas y cristalinas.
Así paso el tomatín, tres días...Pensaba que tal vez se moría si nadie lo sacaba de allí. Pero aquella tarde del cuarto día, Alguien lo vio y lo rescato, estaba tan feliz, miraba a su alrededor y el paisaje era bellísimo, prados verdes, árboles frondosos. Lo llevaban en una cesta, y él parado sobre unas lechugas, contemplaba tan majestuoso lugar...
Se hizo de noche y vio que una mujer lo sacaba y lo ponía sobre la mesa en un recipiente de cerámica adornado con flores amarillas.
El lugar donde se encontraba era acogedor, una chimenea encendida, muebles sencillos, todo era nuevo para el, creció en un invernadero y solo de vez en cuando solía escapar para observar donde vivía la gente que lo había cultivado.
Se sentía tranquilo y se durmió.
Después ya no recordó nada mas, no volvió el día, y el anochecer se hizo eterno.
Tiempo después, se sintió dentro unas paredes que lo aprisionaban., su cuerpo no era el mismo, estaba disuelto, la consistencia y firmeza que antes tenia ya no era tal.
La historia queda hasta aquí…
No me atrevo a contar lo demás,
Es un poco triste el relato, pero así es la vida de las hortalizas…
Había pensado en escribir algo sobre “el súper tomate”.pero ya se me hizo conocida esa historia.

Con humor para ti tomatin...
Un abrazo.

Diario Calavera: Ripio Faldero

Diario Calavera:  Ripio Faldero

Ya estamos de nuevo,
que si fumo,
que si boto... no voto,
si lo hago, me meo.
Que mancho la falda,
la Momia me la mancha.
¡No, es el Cerrolaza,
que la enguarra!
Y a todas estas la falda
rebozada...
Por arriba, por abajo,
por detrás y por delante...
Esto cada vez es más liante.
Las desventuras
de una Falda Espumosa"
Que se vuelve caradura
al tratar con un Tomate,
al tapar a una Momia,
tal vez por restresgarse gatuna
a un caballero Zen-cerro,
calavera cuentero...
con Pokito decoro,
desvergüenza botante,
sereno con sus piropos
o Calavera en sus ripios
desastrosos.
Tal vez se haya de avisar
a una Azafata, para que
de las indicaciones terrestres
nos haga.
Ahí va, si es la Stufa...
Ufff, ya está liada...
la Cerrolazada ha vuelto a empezar
Stuffa ya anda liada,
es atacada por una Espuma traviesa
una Momia trastornada,
el Tomate botante,
un Sereno juerguista,
un Calavera brevista
y una fashion Enfero
que no se sabe si "ello o ella"
Y ya me lío,
todo me da vueltas...
Qué mareo el Ripio confuso,
me la peeeeeeeeeegooooooooooooooooo...
¡patapum!
Menudo ostión...
Ay, ay... aaaaaaaaaaadiós"

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Ufff, siempre lo mismo... Me toca el papel de sujetavelas...

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Diario Calavera: POKITO EL MR.

Diario Calavera: POKITO EL MR.

Es tan chiquitín que ni le ví cuando llegue a esta casa preocupada por mi pelu y por mis uñas .Para mí sólo era un niño que hablaba en clave con otra gente a la que me daba miedo responder .Un niño prodigio casi , con esas respuestas inmediatas , con esa cara de insolente , de malo de la clase , de defensor de pobres , de abogao de secano que decimos en mi pueblo ...Pocas veces alguien me ha hecho reir tanto como ese enano chuleta y respondón que se despedía tan circunspecto diciendo salud y presumía de no leer los mensajes de sus amigos , así que empecé a alegrarme cuando veía su nombre (con minúscula , que es como a él le gusta escribirlo) en esa lista chivata en la que todos quedamos apuntados , era garantía de risas , y de pasar un buen rato , y decía mola ( con lo que a mí me gusta decir mola ) , y le gustaba Benedetti. Me encantaba .Y de pronto un día se puso serio y para mi sorpresa serio también molaba , y el niño dejo de parecerme niño y despertó cada vez más mi curiosidad . Esa no iba a ser la única sorpresa . La gran sorpresa fue un poema . Sé que estas cosas no se dicen , que tengo fama de pelota , que puede parecer exagerado , pero no lo es : ese poema fue un shock , fue la estupefacción al leer algo que miles de veces había deseado escribir , el consuelo de saber que alguien más nada en ríos sin agua y grita sin palabras , que hay pieles que se beben y cajas de madera que te hablan de la vida , que el mundo no es uno .Conocí a su hermano mayor ( ese sí da besos , es más lanzado ) , y a su amigo el Pulga (un sobrao , pero sobrao ), y a Churretes (tan preciosísima ), paseé de su mano por el Rastro...Y supe , no sé cómo , que el niño tendría ojos antiguos como el mundo . Cuando por fin pude mirarlos sus ojos eran antiguos como el mundo y jamás me he alegrado tanto de no haberme equivocado . Él es el niño que quiero ser de mayor ( y no me canso de decirlo ,aunque sé que ahora sólo querrá estrangularme ).

Enhorabuena moñas , ten cuidado de no pisarte la banda , que arrastra metro y medio , y quítate ya la chaqueta roja ( por Diossss).

(Fuente sacada del programa ATROSA, por uno de los múltiples reporteros Flojeras)

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Estos tripis, cada vez son más psicodélicos...

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Diario Calavera : A las 11 en Roca

Diario Calavera : A las 11 en Roca

Hoy, 31 de marzo de 2005, es el último “A las 11 en Roca”. Apenas cinco minutos me separan de la hora establecida desde hace tanto tiempo que el olvido ha sepultado en mi recuerdo, en nuestro recuerdo. Cinco minutos y todas nos reuniremos por última vez como homenaje a esa pareja tan entrañable que nos ha acompañado durante nuestro caminar en la vida.
Roca siempre ha sido una institución en nuestro pueblo, en Morata de Tajuña, su bar amanecía cuando el día aún no había despertado. El primer café de la madrugada, de esa mañana incipiente era en Roca. Tantas legañas abandonadas en esa barra con solera de lustro; tantos cafés servidos como dulce brebaje que te induce a abandonar los brazos de Morfeo y echarte de cabeza, un día más, a la vida, al trabajo; tantas conversaciones escondidas tras las grietas que encallecen las manos siempre atentas de José, porque Roca es José, José para los amigos que jornada tras jornada vencen el sueño a base del mejor café, amigos que despliegan sus brazos estirándolos hasta el infinito en un ritual repetitivo que les acerca a la cantera, al horno o al campo. José siempre da los buenos días con su humeante café a quien se acerca hasta la plaza.
Pero este José no es el que conozco yo, ni el que conocen las demás. Nuestro José, nuestro Roca abre sus puertas, sin haberlas cerrado, temprano para nosotras, casi a mediodía para él.
Estoy en la puerta contemplando la entrada que se franqueará por última vez y vuelvo la cabeza atrás en el tiempo en que mi hijo Alberto era una mancha de chocolate y apenas se distinguían sus enormes ojos color caramelo. Roca no fue nuestra primera opción. Nos reuníamos en otro bar, también en la plaza, pero cerraba los miércoles. Lo que teníamos muy claro es que los miércoles no íbamos a renunciar a nuestra reunión diaria. Aún recuerdo cómo cada mañana dejábamos a los niños en la guardería, ó en el colegio y como si nos salieran alas en los talones, aligerábamos el paso para tomar ese café, que no era el primero del día, pero sin duda el que más nos reconfortaba. Los miércoles empezamos a recorrer otros bares, alguien propuso ir a Roca, su café era exquisito. Por qué no, dijimos. Roca era serio, adusto, educado, silencioso, atento pero nos parecía distante. Por supuesto el servicio que nos ofrecía era impecable. El segundo miércoles ya sabía cómo tomábamos el café cada una: Cortado, con leche muy caliente, con leche fría, con azúcar, con sacarina, leche muy caliente en invierno y templada en verano, sacarina de sobre, sacarina en pastillas. Hasta doce cafés, cada uno con su variación. Llegó un verano y cerraron nuestro bar habitual, para entonces en Roca nos íbamos sintiendo como en nuestra casa. Pilar, la mujer de José, se acercaba con una sonrisa a saludarnos y compartir parte de nuestro tiempo y Roca se iba transformando con cada nuevo café servido. Su semblante dejó de ser serio, la sonrisa anidaba en su boca, su gesto fue dulcificándose, o eso pensamos nosotras. Con el tiempo llegamos a descubrir que su severidad era timidez y que el calor que recibíamos con cada nuevo café había sido imbuido en su propio espíritu con el café servido el día anterior.
Cinco minutos y todo concluirá. Pilar está triste, lo sé, lo intuyo a través de los cristales tan límpidos, tan transparentes como sus almas que iluminan la vida de color de luz, de esa luz que hoy dejará de entrar por sus ventanas. Para ella es como si su vida acabase al cerrar la puerta y despedir al último cliente. Toda la vida, toda su vida ayudando a José que impertérrito veía pasar los años desde su atalaya situada tras la barra de su café.
Cinco minutos y entraré, entraremos por última vez y nos sentaremos en nuestra mesa junto al ventanal que mira a la plaza. Sé que nada desaparecerá aunque haya otros brazos tras la barra, aunque haya otra barra o incluso aunque las puertas no se abran de nuevo jamás. Nuestros espíritus, nuestra historia, nuestro caminar en la vida, que cada día se detenía a las 11 de la mañana, permanecerá eterno mezclado entre el humo de nuestro recuerdo, nuestras voces permanecerán en las grietas de la madera ajada, resonarán en nuestra mente y en nuestro espíritu el resto de nuestra vida.
Entre sus paredes hemos sido dichosas con cada nueva vida anunciada, con cada año cumplido, con cada dulce saboreado, hemos sido una y hemos sido varias, Lloramos con la ausencia y la homenajeamos con un café a las 11 el día que nos decía adiós, un nudo en el ánimo quebrado de abandono, de exilio obligado por la propia naturaleza impedía que ese café atravesara nuestra garganta rota por el llanto contenido, que se hiciera comunión con ella, pero debía ser así. Ella lo entendió allá donde se encontraba.
Cinco minutos, apenas cinco minutos. La vida corre en cinco minutos, han pasado casi 15 años. El chico de la cara de chocolate dejó de ser un niño, las vidas anunciadas se mecen en columpios de vértigo producido por años que aceleran su paso. El tiempo no se detendrá, volveremos a otros bares, descubriremos nuevas vistas pero en nuestro recuerdo, en mi recuerdo siempre estará Roca sirviendo ese café a Las 11 de la mañana.

Sueños III

Sueños III

Soñé que un hombre sin rostro surgía del mar,su pelo enredado de palabras azules flotaba sobre un mar negro , un cielo inmóvil asustaba las nubes y los silencios que nacían de sus manos se repartían por el aire.Mis ojos seguían ese borrón de cera informe que habría sido su cara y mi deseo se iba convirtiendo en gotas de colores que caían muertas sobre la arena.
De pronto , el hombre sin rostro dió un paso sobre las aguas y mi miedo se volvió tan negro que se confundió con el mar , y él pasó sobre mí sin mirar.
Al despertar , sólo tenía palabras y silencios.

Fragua Visual

Fragua Visual

Lo que tenemos que hacer por seguir con el chiringuito abierto.

Fotomontaje realizado por Enferocarulo

GRANADA

GRANADA

GRANADA

Como antorcha que ilumina el ancho mundo,
presente en cada momento de la Historia,
viva está Granada con su hacer fecundo
enriqueciendo a los hombres su memoria.

Trinchera has sido de intrigas y traiciones,
de regios proyectos que al mundo asombraron.
Y también tumba de reyes y barones,
porque para siempre en tu tierra quedaron.

Encrucijada de credos, razas, lenguas,
siempre ejerciste de madre generosa;
aunque las traiciones y guerras eternas
hicieron de tu suelo una inmensa fosa.

Mujeres heroicas, hombres ejemplares,
pregonaron el legado de tu gloria:
en ellos se asientan los firmes pilares
para hacer la estructura de nuestra Historia.

Granada, morisca y cristiana, eres rica
por tu embrujo, tus primorosos jardines,
donde la vida se duerme y dulcifica
al oler el perfume de tus jazmines.

Rumorosos y abundantes manantiales
discurren cantando por cualquier orilla,
sembrando vida a huertos y pastizales
y levantando aromas de manzanilla.

Cuando voy por tus calles, mi regia dama,
mientras siento el lamento de una guitarra,
me detiene el taconeo de una gitana
y un cante de gitano que se desgarra.

Siempre fuiste divertida y jaranera
tras tus celosías de magia y fulgor
y hoy, Alhambra, yo te encuentro prisionera
de recuerdos impregnados de dolor.

Cuando el sol juega a esconderse
por la montaña al salir,
parece un parto de virgen
que hasta el mundo se estremece
cuando la siente parir.

Un lamento por tus cerros
se siente al amanecer,
es Federico el que llora
porque le muerden los perros
hasta hacerle fenecer.

¡Hermosa y bella Granada!
Eres trópico, eres luz,
eres la reina embrujada.
Y por tu Sierra Nevada
eres la estrella del Sur.
Cayetano Bretones - Goreño

Fotografía de Fernando Marcos

Esto no es un microrrelato...

Esto no es un microrrelato...

Son casi las doce .Las campanas de las iglesias cercanas aún no rompen el silencio de la noche y un aire helado corre por los callejones enfriando un ambiente hasta hace pocas horas primaveral.La gente se agolpa en las callejuelas hablando en susurros , temiendo deshacer la magia que parece dar a los movimientos , a los pasos acelerados , a las exclamaciones de los niños -silenciadas por sus padres apenas comenzadas - una lentitud irreal , somnolienta.El correr del río es apenas una música de fondo monótona y casi imperceptible.A veces una carcajada rompe el silencio por unos instantes y enmudece sin necesidad de reprimenda , avergonzada de su propia osadía.Por el centro de la calle una riada humana intenta sin éxito encontrar un resquicio en el que ubicarse.Imposible .La gente que lleva horas allí instalada exhibe su mirada más huraña , haciendo desistir sin palabras a los atrevidos que , a última hora , intentan hacerse un hueco.

Una pareja de ancianos tomados de la mano pega su espalda a la pared , mientras él recompone la bufanda de ella amorosamente.
-Te enfriarás Inés , le dice bajito .

Un poco más arriba unos novios , ajenos a nada , o a algo que no sean ellos mismos se miran arrobados con las caras casi juntas , solos en una burbuja , sin gente , sin frío , enamorados.

Delante de ellos , sentaditos en el bordillo hay tres niños embutidos en abrigos , bufandas , gorros y guantes , no tendrá el mayor más de cinco o seis años , y se les adivina serios y responsables ; les han dejado esperar solos y quieren ser merecedores de ese honor . Desde la acera de enfrente sus padres no les quitan ojo .
-Ay , Pedro , dice la madre ¿ no están demasiado lejos ? ¿no se asustarán ?
-Que no mujer , si están tranquilitos ¿no les ves ?

En ese mismo momento , entre los niños y sus padres pasa un grupo de jóvenes medio vestidos , medio descalzos , medio borrachos y completamente mugrientos rodeados por una corte de perros de todos los pelambres y todos las tamaños tan sucios y descuidados como las rastas y las crestas de sus ¿dueños ? quizás sería mejor decir de sus compañeros de ruta.Los niños se dan codazos y no saben qué mirar , si las uñas ennegrecidas , las guitarras que cuelgan de las espaldas o al cachorrito paticorto y jadeante que se ha parado justo ante ellos para recuperar el aliento . Cuando la mano del más chiquitín casi roza el lomo del animal , el niño eleva los ojos hacia su madre y un resorte devuelve la manita enguantada al bolsillo del abrigo.
-Jo , si mami llega a estar aquí te la cargas .
-Callaos , dice el que parece más mayor , si no nos portamos bien nos harán sentarnos con ellos.
Demasiado tarde la advertencia , mamá ya les señana el bordillo de enfrente , a sus pies , con la cara asustada todavía tras haberlos perdido de vista durante un par de minutos que , eso sí, a ella le han parecido horas.Los niños cruzan cabizbajos esa calle estrecha , su madre les dá un beso a cada uno y les acomoda satisfecha .
-Aquí están mejor , sonríe segura.

Tres adolescentes con ropas imposibles suben calle arriba a toda prisa , no tanto porque vayan a dar las doce como por el frío que debe estar helándoles unos ombligos que encaran el frío a rostro descubierto , candidatas a una pulmonía o , al menos , a un buen resfriado, antes muertas que sencillas.Una de ellas presiente más que ve a la pareja que se mira . Endereza la espalda , levanta la barbilla y sonríe aún más , mientras sus ojos se tiñen de violeta , de dolor , de luto .
-Hace frío ¿volvemos a casa ?
-¿Tú estás loca , tía ? mira qué mogollón de gente viene detrás , no pretenderás que vayamos contra esa marea ...
-Bueno , vale , pero no chilles , es lo único que acierta a decir callandito mientras el corazón le late apresurado en la garganta , ahogándola.

Entonces , la gente que ocupa la calle se detiene , las cabezas se vuelven a un lado y otro buscando calles adyacentes donde situarse . Faltan dos minutos para las doce , la calle debe estar desocupada y cada callejuela queda abarrotada. A las doce en punto , cuando el sonido de las campanas baja por el Darro hacia Plaza Nueva , asciende por el Albaycín , sube la colina roja todavía iluminada e inunda el Paseo de los Tristes mezclándose con el aire helado que baja de La Sierra , la calle está vacía , todas las luces apagadas y un silencio que es un grito de respeto a lo que va a suceder se enseñorea sobre todas las cosas . Sobre el río , sobre la colina , sobre los edificios , sobre las risas de los niños , sobre los enamorados , los perros , La Alhambra.

Inmersa en el silencio y la oscuridad , y apretada contra una esquina estoy yo , observando a gente que ha vivido , que vive , que empieza a vivir y a sufrir . Los veo con una indiferencia casi anestesiada , ajena a las risas , a los sentimientos , a la felicidad , a la belleza del lugar , al rumor del río , a la oscuridad que pone los sentidos alerta y la sensibilidad a flor de piel.Ahí sola , pegada a ese esquina la certeza de tu ausencia me recorre la espalda con un escalofrío que me pone la piel de gallina y sin saber cómo me encuentro en ese mismo lugar , hablando contigo sin necesidad de palabras , sintiendo tu cuerpo pegado a mi espalda , tus brazos rodeando mi cintura , sabiendo que mi cuello acabará recibiendo una tormenta de besos y de palabras susurradas que jugaremos a descifrar.Tenemos las manos juntas dentro de los bolsillos de aquél Barbour tan viejísimo que debería haber jubilado hace tanto , nos rozamos las yemas de los dedos y nuestras pieles , que tan bien se entienden , hablan de sus cosas mientras apretamos nuestros cuerpos en un baile sin música , celebrando la paz que nos damos con la simple presencia.A lo lejos , el redoble de un tambor me devuelve a la realidad . El silencio que me rodea se transforma y el arrastrar de multitud de pies sobre el suelo antiguo e irregular nos pone sobreaviso.Ya se acerca.Los ancianos se ponen de puntillas , la pareja deja de mirarse a los ojos , los niños se dicen al oído algo que no alcanzo a oir y sus padres observan prudentes la calle para asegurarse que todo está bien en la parte que les es ajena , y en ese trozo de hogar que tienen instalado a sus pies.Yo junto los nudillos sobre el pecho, aferrada a las solapas de aquél Barbour que sigo siendo incapaz de jubilar , en un intento inútil de espantar un frío que sé muy bien que no viene de fuera , un frío instalado en mí desde hace mucho tiempo , demasiado.
El rumor de pasos arrastrados se acerca poco a poco y sin detenerse ,junto a dos hileras de luces tímidas y vacilantes que serpentean siguiendo el trazado del Darro , sus puentes y la gente enmudecida , sin llegar a alumbrarlos.Incluso yo , hundida en mi atalaya de soledad , puedo respirar la magia que se extiende a la vera del río . Al paso del tambor el silencio se va haciendo reverente . Los padres cuentan a los niños la leyenda que dice que el tambor pregunta ¿ dónda está el Rey de los judíos que lo vamos a matar ? y ellos se miran antre incrédulos y atemorizados , la frase queda flotando sobre el aire helado ...Los ojos de la gente dicen todo , unos se bajan , otros se cierran , otros miran ese punto indefinido entre ayer y hoy en el que todos nos cobijamos alguna vez , algunos hacen todo eso en uno u otro orden .Bajan piadosos , se izan fervorosos , se cierran heridos por la belleza del momento , por el tiempo , por los recuerdos , por la vida , por la muerte .Mil combinaciones .Mil formas de callar .Mil formas de sentir el amor y el dolor .Y yo ahí , sola , registrando cada olor , cada movimiento , cada sonrisa , cada gesto sin poder oler , sin poder moverme , sin poder sonreir , anclada a nuestro pasado , ausente de mi presente , preguntándome que hago aquí, buscando tu mano en el bolsillo de mi abrigo , obligando a las yemas de mis dedos a hablar solas otra vez , sintiendo desnuda mi cintura sin tus brazos , consciente entre el silenco y la oscuridad del ritmo a flores , risas y alegría que imprimirá la luz del día a la esquina que ahora sostiene mi desamparo.
Los pasos se acercan , el tambor sigue arrancando ecos a la noche, se percibe en la oscuridad el reflejo débil de unos cirios blancos , altos , que apenas iluminan a un cristo crucificado. Una cruz de taracea sobre un montículo de flores moradas que conozco de memoria y veo aún sin luz , unos ojos sin vida en un cuerpo tallado y una mirada que enmudece y apaga las luces con respeto o con indiferencia , con humildad o por condescendencia , con ironía o con fervor , y de fondo ese tambor que huele a muerto , a pena , a duelo , que suena a ojos de adolescente despechada por vez primera.Desde mi esquina , veo que los niños se mueven inquietos , los penitentes se detienen casi ante ellos que miran interrogantes a sus padres al ver los pies desnudos y atados con cadenas .Tras una golpe seco el cortejo prosigue su camino y el Cristo de la Misericordia se agranda ante nosotros obligándonos a mirar hacia arriba ;algunas mujeres se santiguan , todos intentamos ver al Cristo envuelto en la desnudez de su manto de silencio , sin cornetas , sin tambores ni faroles . Los niños abren los ojos como platos , sus padres sonríen con ternura , la pareja enamorada se coje de la mano observada a lo lejos por unos ojos tristes y apagados , y el anciano pone una mano sobre el hombre de su esposa que mueve los labios , puede que rezando , puede que dando gracias por ese hombre que la adora.Las yemas de mis dedos gritan tu nombre y , por un instante , un beso con olor a cera se posa en mi cuello llenándome de serenidad , de calor y de esperanza , empujándome a sonreir . Asustada al sentir que vuelve a correr la sangre por mis venas , cierro los ojos .Al abrirlos , la gente se desparrama ya por la calle , los niños piden helados , ríen y juegan acallando el rumor de pasos que se alejan arrastrándose parsimoniosos sobre un suelo de siglos. Los ancianos caminan despacito delante de mí , tomados aún de la mano y yo , con las lágrimas agolpadas en los ojos y la garganta , desciendo viva de mi Gólgota , en silencio , una madrugada de Jueves Santo en Granada mientras una pareja se besa en una esquina indiferente al dolor que su amor provoca.