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Calavera Infernal

¿Qué comemos? III

¿Qué comemos? III

EFECTOS DAÑINOS PARA LA SALUD
Los efectos dañinos para la salud ocasionados por la ingeniería genética continuarán siempre.
Las compañías de biotecnología alegan que sus métodos son precisos y sofisticados. De hecho hay un elemento aleatorio en su método experimental de inserción del gen. Son inevitables los efectos secundarios y los accidentes y los riesgos se han evaluado científicamente como ilimitados. A diferencia de la contaminación química o nuclear, la contaminación genética no puede recogerse; y los efectos tóxicos de equivocaciones genéticas se pasarán a todas las futuras generaciones de una especie.

LOS PRODUCTOS GENÉTICAMENTE DISEÑADOS CONLLEVAN MÁS RIESGOS
Los productos genéticamente diseñados conllevan más riesgos que alimentos tradicionales.
Las compañías de biotecnología dicen que los riesgos de los nuevos alimentos genéticamente diseñados son similares a los riesgos planteados por todos los alimentos: pero la experiencia ha mostrado que el proceso de ingeniería genética introduce nuevos alergenos y toxinas peligrosos en alimentos que eran anteriormente naturalmente seguros.

COLAPSO DEL BALANCE FISIOLÓGICO HUMANO

La investigación genética indica que muchas enfermedades tienen su origen en minúsculas imperfecciones del código genético. Manipular con el código genético de cualquier forma trastornará el delicado balance entre nuestra fisiología y los alimentos que comemos. La estructura genética de las plantas ha nutrido la humanidad por milenios. Cambiar repentinamente casi todos los alimentos mediante la ingeniería genética es una amenaza muy peligrosa e irrevocable para la vida.

ETIQUETADO
Los alimentos genéticamente diseñados están siendo introducidos sin etiquetar.
Las compañías de biotecnología falsamente afirman que no se requiere ninguna etiquetación, alegando que no hay diferencia material entre alimentos genéticamente modificados y sus contrapartidas naturales. De hecho, la inteligencia genética natural de alimentos, acumulada en millones de años, está siendo alterada. Los gobiernos apoyan las compañías de biotecnología e ignoran los derechos de los consumidores a ser informados. Sin etiquetar, las causas de nuevas enfermedades pueden ser muy difíciles de rastrear. Por un lado, mientras todos los alimentos deberían etiquetarse fielmente, los alimentos genéticamente diseñados deberían prohibirse totalmente para proteger la vida.

En enfermedades alimentarias como los celíacos, son las organizaciones de afectados los que se encargan de elaborar listas de alimentos permitidos ya que la ley de etiquetado no obliga al productor a señalar todos y cada uno de los elementos integrantes de cada producto y hay que tener en cuenta que en ello les puede ir la vida.

REGULACIÓN INADECUADA DE LOS GOBIERNOS

Compañías de biotecnología alegan que los cuerpos reguladores del gobierno como la administración de Medicamentos y Alimentos de EE.UU. (FDA) y el Ministerio Británico de Agricultura, Pesquerías y Alimento (MAFF) protegerán a los consumidores. Sin embargo DDT, Talidomida, L-triptófano, etc. fueron también aprobados por estos reguladores con resultados trágicos. MAFF ha publicado información objetivamente inexacta sobre alimentos genéticamente diseñados en su serie de libros Foodsense que da una impresión de falsa seguridad. Pruebas en EE.UU. encontraron que 80% de la leche de supermercado contenía rastros de: o bien medicinas, o antibióticos ilegales usados en granjas, u hormonas, incluyendo Hormona Vacuna de Crecimiento genéticamente diseñada (BGH). Los hechos muestran que los reguladores no protegen el público adecuadamente; ni el etiquetado protege el público de los peligros ó se necesita una absoluta prohibición de alimentos genéticamente diseñados.

INSoMNIO Y SOLEDAD

INSoMNIO Y SOLEDAD

INSOMNIO Y SOLEDAD

Alborotando en la noche
la soledad llega herida,
trae de la mano a la angustia
y hasta el alba son amigas.
Soledad

El silencio se hace eterno
y la noche no termina,
y en los albores del sueño
se queja el alma perdida.
Vigilia

Rugen las fieras nocturnas
prisioneras del dolor,
y saltando las barreras
le muerden al domador.
Angustia

Corre la sangre en la pista
y la mente, arrinconada,
llora ahogada por el llanto
en su terrible morada.
Dolor

Y cuando la noche llega
al final de su camino
se hace cómplice del día
con el dolor de testigo.
Desesperación

Sigue el pacto de silencio
entre la noche y el día,
y el corazón extraviado
ya no encuentra la salida.
Perdición

Cayetano Bretones

AUSENCIA

AUSENCIA

Ausencia.
Ausencia de dolor,
de recuerdos,
de paciencia.
Ausencia del tiempo
que queda muerto
tras la puerta.
Ausencia.
Para la espera
no hay clemencia.
Y en los albores
dormidos
de la experiencia,
se va tejiendo
la indiferencia.

¿Qué comemos? : II

¿Qué comemos? : II

LOS PELIGROS DE ALIMENTOS GENÉTICAMENTE DISEÑADOS

Las cosechas y animales transgénicos han provocado grandes controversias entre los científicos y el público en general. Una posible amenaza que se ha manejado es el peligro de que alguno de los genes introducidos por técnicas biotecnológicas pudiera escaparse desde el ser transgénico e introducirse en otras especies, de un modo indeseado o incontrolado. Muchos creían que ello era imposible, pero en la revista NATURE unos investigadores franceses demuestran su posibilidad. En concreto han trabajado con un gen de resistencia al herbicida BASTA (basado en el glufosinato amónico), introducido en plantas de colza (brassica napu), que pudo ser traspasado a plantas de rábano silvestre (raphanus raphanistrum), a través de cuatro generaciones de híbridos. Aunque es difícil que el proceso pueda ocurrir en condiciones de campo, el hallazgo sirve para poner una nota de precaución respecto a la obtención y uso de seres transgénicos.

De todos los efectos secundarios venenosos de la tecnología moderna, los organismos genéticamente modificados serían de los más peligrosos. No se pueden contener y sus efectos son irreversibles. Los peligros de la ingeniería genética incluyen comida de calidad baja, animales enfermos, insectos, organismos y enfermedades más virulentas, una biodiversidad más reducida, mayor contaminación del agua, el alimento y la tierra, y la alteración del equilibrio de la naturaleza. Con una ya mayor intervención científica en la producción alimentaria, se esta haciendo mas común la comida no sana y ¿tóxica? Nadie sabrá cuantos morirán de la enfermedad de las vacas locas, que sospechan que es el resultado de alimentar el ganado con alimentos totalmente innaturales pero científicamente aprobados.

Todos los productos alimenticios deberían etiquetarse claramente para que podamos escoger lo que comemos.

Los hechos científicos han demostrado que es necesaria una inmediata prohibición en todo el mundo. Los alimentos genéticamente diseñados que contienen genes derivados de cerdo, peces, insectos, virus y bacterias están apareciendo en los estantes de supermercado, comenzando con tomates, maíz, soja, productos lácteos, levadura y aceites, extendiéndose luego para reemplazar centenares de variedades tradicionales de frutos y vegetales. El gobierno permite su venta sin advertir al público, aunque muchos científicos genéticos afirman que estos alimentos dañarán permanentemente la salud.

He aquí como:

La manipulación caprichosa del modelo genético de la vida ocasiona nuevas enfermedades y debilidades.
Dada la complejidad enorme del código genético, incluso en organismos muy simples tales como bacterias, nadie puede predecir posiblemente los efectos de introducir nuevos genes en cualquier organismo o planta, ni el alcance de los nocivos efectos para la salud sobre cualquier persona que lo ingiera.

Esto sucede porque:

• El gen transpuesto reaccionará de manera diferente cuando funciona dentro de su nuevo anfitrión
• La inteligencia genética original del gen anfitrión se desorganizará
• Los genes del anfitrión y los genes transpuestos combinados tienen efectos imprevisibles.

Las transferencias no naturales de genes de una especie a otra son peligrosas.
Las compañías de biotecnología alegan falsamente que sus manipulaciones son similares a cambios genéticos naturales. Sin embargo las transferencias de genes de cruce de especies que se están realizando, como entre cerdos y plantas, o peces y tomates, nunca sucederían en la naturaleza y pueden permitir transferirse enfermedades y debilidades entre especies, con efectos tan desastrosos como se han visto en BSE - enfermedad de las vacas locas. El conejillo de indias en esta experimentación arriesgada es todo el público.

Fragua Visual: Serie de Fuego

Fragua Visual: Serie de Fuego

Nadie quiso saber nunca como era en realidad

Foto realizada por Enferocarulo.

Derivando (22)

Derivando (22)

"Mario, no te preocupes, además mañana tengo un trabajo horroroso, he de arreglar unas cuestiones personales, por cierto, podrías dejarme tu coche, el mío ya sabes que está estropeado"... "Por supuesto las llaves ya sabes donde están...” “Quédatelo el tiempo que lo necesites... Cariño aún te quiero"...

Y diciendo esto una lágrima le recorrió la mejilla, no podía ser: LA PESADILLA SE HABÍA HECHO REALIDAD... Carol lo había oído todo desde la cama, y en cierto modo se sentía culpable por varios motivos: Por no haber podido mantener una relación así con nadie en su vida... Por ser la causante de la ruptura de una relación así...

Mario volvió a oscuras a la cama, medio llorando... Carol lo estaba oyendo, no podía soportar tanto sufrimiento... Así que lo abrazó lo más tiernamente que supo... Y así se quedaron juntos durante el resto de la noche...

Eran las 8 de la mañana un ruido de sirenas despertó a Mario, sudoroso se levantó, a duras penas se puso la ropa; y como alma que lleva el diablo salió por la puerta... Carol sólo acertó a decir ¿dónde vas?... Mario presentía algo muy desagradable, y tenía que ir a comprobarlo... Agarró un taxi al vuelo y le rogó que fuera lo más rápido posible a la C/ La Felicidad, 25... En 5 minutos se presentaron allí... Dantesca imagen que allí pudo observar... Decenas de policías, ambulancias, bomberos y hasta un coche fúnebre... Era la casa de Leire... Mario entre manotazos se hizo paso y logró llegar hasta los restos de su coche, Leire había inundado con sus restos la calle... Su vida ya no estaba entre nosotros... Varios agentes de policía tuvieron que agarrarlo y quitarlo de entre ese amasijo de hierros...

Mario cerró los ojos muy fuerte para imaginar que eso no estaba sucediendo, que al abrirlos todo sería normal, incluso la noche pasada sería irreal... Estaría esperando a Leire, que saldría preciosa del portón para reunirse con él en la acera. Leire daría un beso a Mario y se despedirían para irse cada uno con sus asuntos del día. Ella lo miraría a lo lejos y Mario sentiría los ojos de Leire clavados en su espalda, pesando sobre sus hombros.
Todo era un caos... La gente agolpada no dejaba de preguntar... Corrían todo tipo de rumores, desde terrorismo a narcotráfico... Las cámaras apuntando indiscretas al cuerpo tapado... Los periodistas entrevistando a los testigos... Alguna vecina llorando como una absurda plañidera: “Era una persona estupenda, no sé por qué alguien ha sido capaz de esto”...
Mario parado, con los ojos entreabiertos, la lágrima a punto, las manos temblorosas. Parado en medio de esa desesperación que lo convertía en un ser impotente... En una especie de observador inactivo... de espejo... de mirón... de turista frente a la torre de Pisa.
De repente se oyó un grito desesperado de entre la concurrencia... Mario en el suelo... Apuñalando el asfalto con sus manos... Llorando como un niño. Alrededor no había nada, silencio... Los relojes se pararon.
Luisa y Leire, las dos... La misma, relegadas al recuerdo... desgajadas... amortajadas... sucumbiendo al abismo de esa blancura eterna, del dolor que va a mancillar todas las noches de mi vida, que va a robar todos los sueños de todas y cada una de mis noches. Muertas las dos ya no hay nada... Muertas las dos es el fin... Muertas ambas ya no puedo más... Muertas ellas ya no estoy yo. Muertas, muertas, muertas, muertas... quiero morir. Soy yo el que lo pide... Quiero morir ahora, ¿me oyes?... Quiero que me lleves donde estén ellas... Lo exijo, soy responsable... Haz callar a la plañidera y luego mátame.

Mario no era consciente de que estaba en la comisaría... Su rapto de locura había dejado perplejo incluso a aquél comisario viejo, curado de espanto de tantas atrocidades... Incluso a los propios “trabajadores” que pusieron la bomba, les habría afectado... No se sabe cuánto tiempo estuvo en ese estado Mario... El comisario, no soportaba más ver sufrir así a un ser humano, así que ordenó que lo ingresaran en el hospital, en observación...

La huella que dejó en comisaría fue imborrable, incluso los cacos y las víctimas de violaciones se avergonzaban de sus miserias... Era imposible ver tanto dolor junto en un hombre... Eran las 10 de la noche cuando Mario fue ingresado en el ala de psiquiatría del hospital... Muchas veces había ido últimamente, alguna como paciente... Pero realmente ahora era cuando Mario realmente necesitaba de sus servicios...

Era el 7 de diciembre, la capilla de la iglesia de aquel barrio se llenó, se abarrotó... Saben, uno nunca sabe la huella que deja entre la gente hasta que no se muere. Demasiado tarde para averiguarlo entonces... Leire había dejado un rastro increíble: Pacientes, familiares, amigos, compañeros, más amigos, gente sencilla, poderosa, y algún que otro cantamañanas que debía ir porque las circunstancias lo exigían o había forzado las circunstancias...

Era un día especialmente gélido, y el viento quería deshacer las huellas de aquel día... No podía, Leire era imborrable, como todo espíritu libre que se cruce en esta vida...

Mario por el contrario estaba tendido en la cama, inmóvil con los cinturones de seguridad, que rodeaban su cuerpo (para que no se hiriese) aún inconsciente, de vez en cuando una ligera convulsión recorría el cuerpo... Era como si sintiese el entierro definitivo del cuerpo de Leire, que no del espíritu...

Diario Calavera (22º día)

Diario Calavera (22º día)

Hoy en este diario vamos a poner la Receta Infernal de un asado de Argentina llamado Chimichurri. Para abrir boca, porque es lunes:

El Asado

El ritual suele comenzar temprano en la mañana: los hombres salen de cacería y vuelven con una jugosa presa bovina. O, más frecuentemente, van a la carnicería del barrio y compran tira de asado, chorizos, morcilla y chinchulines. Se proveen así mismo de carbón, y algunas bebidas. Ya en la casa, colocan el carbón bajo la parrilla, y entonces comienza el desastre: papeles de diario en llamas, carbones encendidos, chispas volando, y una nube de humo y cenizas se eleva hacia el cielo, para caer luego cual lluvia pompeyana sobre todo ser viviente que ose quedar a la intemperie. Es en ese momento cuando las mujeres huimos y nos encerramos en la cocina, donde ponemos a hervir algunas papas y huevos, que luego se cortarán en cuadraditos y se aderezarán con mayonesa. También cortamos la clásica lechuga y tomate para la ensalada salpimentada. En realidad, cualquier excusa es buena para escapar del infierno que se desata en el patio o jardín. Cada tanto, haciendo una pausa en la conversación, nos asomamos por la ventana apenas entreabierta y gritamos “¿Cómo va eso?”, básicamente, para asegurarnos que los hombres siguen con vida. Las horas pasan, y los rostros masculinos van pasando del rosa intenso al rojo bermellón, para acabar en un negro ceniza, que no se limita a los rostros sino también a toda la ropa que los recubre, la cual, por si fuera poco, va empapándose progresivamente con litros de sudor.
Cuando la carne da señales de estar terminando su cocción, gritan desde afuera, con la poca voz que les queda “¡Ya va queriendo!”. Y entonces colocamos los platos y cubiertos en la mesa, junto con las ensaladas y el pan. Hay mujeres que, cuando quieren quitarse de encima a alguna persona no grata (una suegra pesada, por ejemplo) ponen en la mesa una salsa especial para acompañar al asado llamada chimichurri. Esta salsa tiene la capacidad de acabar con cualquier indeseable en un par de horas, sin embargo, son muchos quienes la comen voluntariamente (es sabido que hay gente con tendencias suicidas). Incluye seis dientes de ajo, una cucharada de ají picante molido, una de vinagre, una de sal gruesa, y una hoja de laurel. Se coloca en una botella y se completa con agua hirviendo.(Se puede preparar unos días antes y usar el día del asado).
Finalmente, aparecen por la puerta uno o más seres negros y húmedos, de ojos rojos, que exhalan humo por todas partes, trayendo las tablitas con la preciada carne. Algunos niños huyen aterrados, otros prorrumpen en gritos y llantos, hasta que sus madres los calman con un suave “Es papá, nene, ¡terminála!” Entonces todos los comensales nos acomodamos en la mesa y somos servidos por el asador, que va acercando la tablita amablemente a sus invitados, los cuales nos arrojamos sobre las presas que nos parezcan más apetitosas. Terminada la tarea, el asador desaparece misteriosamente, previo recibir el clásico aplauso al grito de “¡un aplauso para el asador!”. La carne se come acompañada de las ensaladas (y con un chorro de chimichurri, en caso de no apreciar mayormente la propia vida) y los chorizos y morcillas se hacen sánguche con un trozo de pan. Cuando el asador regresa, bañado y cambiado, ya casi vuelve a retomar su aspecto humano(salvo por el color de su piel, que permanece de un exótico morado-violáceo). El hombre suele acabar tan destruído que no come el asado, y depende de la buena voluntad de los demás que le guarden o no una buena porción para el día siguiente.
Y así culmina nuestra simpática tradición gauchesca (citadinizada) del asado.

NOFRET

Derivando (21)

Derivando (21)

asaltar y disparar?. Qué más daba, el hecho es que estaba encantada de compartir su cama con ese hombre y de fingir una vida cotidiana, anodina, una monotonía familiar ansiada desde hacía tanto tiempo.
Desde luego no aguantaría más esa situación, lo tenía claro; era hora de poner puntos sobre las íes en la cuestión laboral. Ella quería ser maestra de jardín de infancia, rodeada de dulces infantes; que a la salida de la escuela le fuera a recoger un chico normalito y amable con el que compartir toda su vida. Tener un hijo o dos, viajar de vez en cuando al pueblo de su marido y morir dignamente en su propia cama con las sábanas nuevas y el camisón de punto de su abuela. Nada más, sólo eso, pero tuvo que meterse, no sabe aún cómo, en esta especie de empresa de película en la que no le estaba permitido tener familia... “¿Para qué?, eso te ligaría a un lugar y lo que queremos es que estés disponible las 24 horas”, ni amigos, ni carnet de videoclub ni hipoteca. Cómo ansiaba por lo menos tener una letrita que pagar... un perro al que sacar de paseo, unos geranios que regar o un amante para dar celos a su marido. Pero sin marido, no hay amante, evidentemente.

Y ahora miraba a Mario que dormía como un niño a su lado. Carol pensaba que el sueño nos equipara a todos y se propuso dormir ella también para poder formar parte de una comunidad en la que no hay especimenes diferenciados, en la que reina la homogeneidad.

Leire amontonaba las cosas de Mario en unas cuantas cajas, la ropa, las revistas, los zapatos y todas esas cosas que forman parte de la egoteca de cada uno, véase: libros, discos, la colección de botellitas de licor de la feria, fotos, recortes de prensa, chapinillas de la playa...

Colocó todo esto en la puerta del apartamento, bien precintado y con cartelitos que distinguían “ropa”, “zapatos”, “cosas raras”; pensó que no quería estar en casa cuando Mario volviese a por sus pertenencias, así que agarró las llaves y se lanzó a la calle astillada.

Eran las 11 de la noche y Leire pensó que sería bueno avisar a Mario de los cambios que se habían producido en su vida, al menos eso le debía por la amistad que les unía, pero sobre todo, por esos momentos de intenso placer y felicidad... Marcó desde su móvil el núm.; o mejor dicho lo buscó en su agenda... Mario se había quedado dormido en brazos de Carol, el tfno. comenzó a sonar... Mario se despertó y como una exhalación corrió a coger su tlfno:

"Dime cariño, ¿qué te ocurre?...
"Mario he de comunicarte que ya no podemos vivir juntos bajo el mismo techo, por lo tanto he ordenado tus cosas en cajas y las he dejado en el garaje... Sólo tienes que venir a buscarlas... (Sollozando, siguió con el mensaje) ¿Porqué lo has hecho? ¿No era buena para ti? ¿Qué nos ha pasado para llegar a esto?”...
Un nudo de saliva recorrió el cuerpo de Mario, estremeciéndole como nunca lo había hecho, y contestó con un lacónico: "No lo sé" "Oye, mañana hablamos, esto lo tenemos que hacer bien, al menos nos debemos o mejor dicho te debo una explicación clara y larga...

(Continúa)"

Fragua Visual: Maniquí

Fragua Visual: Maniquí

Qué conste que no soy sólo belleza, al pensarlo se convirtió en estatua.

Cuadro realizado por Stuffen.

Diario Calavera (21º día) : Cómo se utiliza la lógica.

Diario Calavera (21º día) : Cómo se utiliza la lógica.

La maestra pregunta:

- Hay seis pajaros en una rama. A uno de ellos, lo mata un cazador de un tiro, cuantos quedan??

.- Jaimito, levanta la mano (lleva muchos años en la escuela)

- Si Jaimito !!

- Ninguno, porque los otros se espantan con el tiro.

- No, Jaimito, quedan cinco. Pero me gusta tu manera de pensar.

Entonces pregunta Jaimito a la maestra:

- Hay tres señoras en una heladeria. Una primera lame el helado, la segunda lo come con la cuchara y la tercera lo absorbe.

¿Como sabe cual de las tres es la casada???

La maestra contesta algo ruborizada:

- Creo que es la que lo absorbe.

- No, es la que lleva el anillo de matrimonio. Pero su manera de pensar me gusta !!

Derivando (20)

Derivando (20)

Mario, por su parte escuchaba, sin mirar a ningún punto, el agua que salía de la ducha, no sabía si debía darle explicaciones o era mejor dejar las cosas así. Por otro lado, qué explicación podría darle, qué palabras saldrían de su boca que no la destrozaran más de lo que ya estaba. No, mejor silencio, mejor olvidar, sin duda, mejor para ella, ya no se acordará mañana.

Mario no podía soportar que Leire sufriera y se mantuvo junto a la puerta, llorando en silencio, mientras ella lo hacía a lágrima viva... No se puede saber con exactitud, el tiempo que transcurrieron en esa situación... Hubo un silencio sepulcral, casi mortal... Leire notó la presencia de Mario, y con una voz suave, delicada y muy temblorosa le dijo: "Pasa, la puerta está abierta"... Mario abrió la puerta con sumo cuidado y avanzó hacia la bañera, que estaba al fondo... Casi no se atrevió ni a abrir la cortina... Poco a poco la fue abriendo... La imagen era de lo más enternecedora... Leire postrada en la bañera, sollozando... Su mente le obliga a odiar a Mario, pero su cuerpo, ese mentiroso compulsivo que nos traiciona siempre... Su cuerpo deseaba placer: "Sólo una vez más, luego mandas tú”, le decía el cuerpo a la mente... Mientras tanto Mario sostenía una guerra parecida: "No puedes hacerle ésto a Leire, no eres un canalla... Discúlpate y déjala"... Pero su cuerpo pedía mucho más... Quería pedirle disculpas, aunque fueran las últimas, pero enloquecía al ver ese cuerpo tan ajado y triste... Hubo un momento, una mirada... Los ojos de Leire y Mario brillaron con una lujuria especial... Una lujuria de sentimientos encontrados y de deseos inconfesables... Mario entró en la ducha, muy cuidadosamente, Leire le dejó un hueco en su reino... Poco a poco se fueron acercando sus labios... Se besaron muy lentamente... En dos segundos ya estaban sus cuerpos retorciéndose entre sí en la bañera... Pidiéndose perdón... AMANDOSE hasta lo imposible...

Mientras, a 10 minutos de su casa, Carol había encontrado en el vendedor de seguros su compañero ideal para calmar su estado febril de amor... Retozando por el suelo del salón, se olvidaron de los seguros... Asegurándose un placer difícil de explicar luego en la oficina para hallar las "comisiones oportunas"...

Y como si siguieran el guión de una película, Leire y Carol, entre sollozos y de formas diferentes rechazaron a sus amantes... Ya era demasiado tarde para las reconciliaciones en el caso de Leire... Y por supuesto los juegos no han de predominar en la vida de una persona... Sobre todo determinados juegos. Se decía para sí Carol... Así que Mario, tomó sus ropas y cabizbajo se fue pasillo adelante en busca de no se sabe qué dirección... Lo propio hizo Carol... Curiosamente acabaron a las 6 de la tarde en el mismo bar donde se encontraron... Se miraron... Y no les hizo falta nada más... Dos horas más tarde estaban retozando en la cocina del apartamento de Carol, encima de una mesa y embadurnados de harina... ¿Sería el destino, o el ansia de verse?...

Lo que pasaba en ese momento por la cabeza de Carol era un mar de dudas. ¿Qué narices hacía ella ahí tumbada al lado de esa especie de presa a la que tenía que

Diario Calavera (20º dia): Pieza Musical.

Diario Calavera (20º dia): Pieza Musical.

Hoy, como es fin de semana vamos a pasárnoslo bien un rato. A ver qué os parece la romántica pieza musical siguiente:

Era infeliz en su matrimonio...
porque su marido no le tocaba el coño
tenía Bernarda fama de muy tierna
y de telarañas llena la entrepierna.
Desde hace 6 o 7 inviernos que no recibe ni un caliqueño
y ella en sus muertos se caga
mira a su marío, y se mea en las bragas.
Quien te hacía a ti eso di Bernarda quien era
quien no te echaba un polvo, ni en primavera
quien solo el 9 de noviembre y con suerte en nochevieja
te decía a ti bernarda
te voy a tocar las tetas.
lalailo loloilo
lalailo lo lo loilo
lalailo loloilo
lalailo lo lo
Bernarda arde con tanto reposo
cansada ya su mano
va y se alquila un buen mozo
mi nombre es "Hector" más llamame "el pollo"
pues tengo ladillas que son como centollos
mi nombre eanda y porque no lo habías dicho
guarro, asqueroso, me has pegao tus bichos
mi mario se entera y me mata
me va a cortar el chichi con un abrelatas
Bernarda hija de mi alma te estás rascando mucho
que más que una persona pareces un chucho
a ver... enseñame el chichi que te he visto un ladilla
tan grande como un centollo
¡que va! es una espinilla
lalailo ladilla loloilo la ladilla
lalailo ladilla loloilo la
lalailo ladilla loloilo la ladilla
lalailo ladilla loloilo la

Fragua Visual

Fragua Visual

Envidiaban que Mariano pudiese tocar el cielo.

Foto realizada por Enfero.

¿Qué comemos? : I

¿Qué comemos? : I

Empecemos por el principio:
¿Qué es la ingeniería genética?
Los genes son los patrones para cada parte de un organismo y están dispuestos en el núcleo de cada célula formando los cromosomas. La modificación genética es el proceso de transferir artificialmente la información específica de un tipo de organismo a otro, por ejemplo de un pez a un tomate, o de un animal a una planta. Así dicho parece ciencia ficción, pero en un mundo en el que se puede clonar una oveja eso es como hacer la “O” con un canuto.

¿Por qué hacerlo?
Los científicos quieren transferir cualidades deseables de un organismo a otro - por ejemplo, la resistencia a un pesticida o a un insecto u organismo dañino. Visto así podríamos pensar que es hasta loable hacer esto. ¿Os imagináis un tomate con insulina para los diabéticos? ¿Pero os habéis parado a pensar cuáles son los límites? Creedme, hoy en día casi todo es posible.

¿Es necesario?
Se puede producir suficiente comida buenísima sin recurrir a ello. Los motivos para la modificación genética son principalmente comerciales y políticos, sin tomar en cuenta la salud y la nutrición.

¿Cuáles son los peligros?
Los peligros potenciales son enormes. Las estructuras genéticas existentes han evolucionado a través de millones de años formando un ecosistema infinitamente complejo e interconectado. Ahora los científicos están estropeando este equilibrio delicado con cambios que no podrían ocurrir naturalmente. Esto se esta haciendo extremadamente rápido sin suficiente cuidado para las posibles consecuencias.

La ingeniería genética no es lo mismo que los cruces entre especies que se ha practicado durante muchos años. No es una ciencia exacta. Por ejemplo, podrían aparecer algunos organismos peligrosos haciéndose resistentes a los antibióticos. Podría resultar en las malas hierbas y los insectos haciéndose resistentes a los pesticidas y a los herbicidas. Podría accidentalmente crear nuevos venenos y enfermedades. El alimento viene de la naturaleza. Si cambiamos la estructura fundamental de un alimento, podría crear enfermedad, justo como los pesticidas y los herbicidas hicieron en el pasado.
Los alimentos transgénicos no tienen que someterse a pruebas antes de que se vendan en las tiendas.
Las plantas diseñadas para ser más resistentes a los herbicidas permitirán la aplicación de concentraciones más altas en los cultivos, con el resultado de que los alimentos contienen mas química, y los ríos y los embalses se contaminarán más.
La modificación genética del ganado lleva a animales enfermos y sufrientes (véase el caso de la oveja Dolly con una vida inferior y de peor calidad que las no manipuladas genéticamente) y a un alimento de ínfima calidad. Ya se están criando animales con enfermedades para experimentos y una vida de sufrimiento. Peces han sido modificados para crecer mas grandes; vacas y cabras han sido modificadas para crear drogas. Estos animales frecuentemente son enfermizos y tienen una vida mas corta.

Compañías agroalimentarias occidentales están comprando compañías de semillas en países en vías de desarrollo para poder vender semillas genéticamente modificadas, haciendo peligrar la biodiversidad de los cultivos a través de la perdida de las semillas tradicionales.

La contaminación biológica puede ser el mayor peligro resultante de la ingeniería genética. Nuevos organismos vivos, bacterias y virus serán soltados para reproducir, migrar y mutar. Pasarán sus nuevas características a otros organismos y nunca se podrán recuperar o contener. Esto es una invitación a una alteración ecológica desastrosa.

Para terminar hoy sólo una pregunta más:
¿A Cuántas personas con alergias de cualquier tipo conocéis hoy? ¿Y hace 20 años?

White

Transgenia Informática de Pablo A.

Transgenia Informática de Pablo A.

Esta es la imagen de Pablo A. cuando hurga en los Sistemas Operativos Güindous. ¿¿¿No se acerquen a él en este estado!!! Peligro de Explosión

¿Qué comemos?: Preámbulo

¿Qué comemos?: Preámbulo

Vamos a iniciar una sección, bajo la atenta supervisión de una bióloga. Nuestra bióloga infernal, llamada White. Espero que todos aprendamos un poquito más acerca de los alimentos. Al final el Infierno va a quedar muy gastronómico. White nos dice qué comemos, y luego nos lo comemos. Así que comencemos pues...

TRANSGÉNICOS : PELIGROS

Comienzo con unas preguntillas para abrir boca:
• Deberíamos alterar la estructura genética de todo el reino viviente en nombre de la utilidad y las ganancias?
• ¿Es la constitución genética de todos los seres vivos la herencia común de todos, o puede ser adquirida por las corporaciones y de esta manera convertirse en propiedad privada de algunos?
• ¿Quién dio a las compañías individuales el derecho a monopolizar grupos enteros de organismos?
• ¿Los biotecnólogos se sienten los dueños de la naturaleza? Es esta una ilusión construida sobre la arrogancia científica y la economía convencional, ciega a la complejidad de los procesos ecológicos?
• ¿Es posible minimizar los conceptos éticos y reducir los riesgos ambientales manteniendo los beneficios?
• ¿Quién se beneficia de la tecnología? Quién pierde?
• ¿Cuáles son las consecuencias para el ambiente y la salud?
• ¿Cuáles han sido las alternativas ignoradas?
• ¿A qué necesidades responde la biotecnología?
• ¿Cómo afecta la tecnología a lo que se está produciendo, cómo, para qué y para quién se está produciendo?
• ¿Cuáles son las metas sociales y los criterios éticos que guían el problema de la elección de la investigación biotecnológica?
• ¿Biotecnología para lograr qué metas sociales y agronómicas?

Fragua Visual: EL DOBLETE

Fragua Visual: EL DOBLETE

Mi vida no fue tan segura como en aquella casa.

Foto de Enferocarulo.

Recetas Infernales: Un día de campo

Recetas Infernales: Un día de campo

Un día de campo.

A Cerrolaza (Lo prometido es deuda)

¡Por fin era sábado por la mañana!. Había quedado con la gente que conocí por Internet. En realidad no los conocía ¿Quién me mandaría a mi ser tan hospitalario e invitarlos a un arroz a la lumbre?. Es cierto que había hecho decenas de Paellas antes, pero siempre me pongo nervioso cuando llega un día de campo y arroz. Mi arroz con conejo tiene fama entre mis amigos, pero esta gente es de fuera y no sabía si les gustaría la paella de otra forma. Compré los dos conejos donde “La Tomasa”. Mira que cría bien los conejos esa mujer, nada de pienso, todo hierbas de la huerta. Y qué suerte que tuviera tomates recién cogidos, qué bien olían esos tomates. No hay nada como comprar estas cosas donde se crían. Odio los conejos de carnicería, parecen ratas insípidas. ¿Y los tomates? Todos envueltos en ese plástico, que parecen de cera y cuando los abres ni siquiera echan olor; no es que huelan mal, sino que ni huelen. A eso de las diez comencé a recoger la paellera, los hierros y las pastillas de fuego para llevarlos al coche. A Cerro y los otros les quedarían un par de horas para llegar, pero ya debían estar en viaje. En mi mente daba vueltas el nombre de Cerro ¿Por qué le llamarían así?. Sólo me sonaba a “cerro de Úbeda” y, la verdad, es que divagaba mucho en los foros de Internet. Suponía que era por eso.

Ya era sábado por la mañana. Observaba como se acercaban, desde el fondo de la calle, Mariano y “el pequeñajo” con su chica. No tenía nada claro si habría sido buena idea quedar para ir a comer una paella a la ciudad de Juan, tan lejos, pero es lo que tiene Internet, que te animas, te animas y, al final, quedas con alguien que no conoces en realidad. Menos mal que éstos, por una vez, fueron puntuales; Alicia se quedó dormida en el coche y tuve que dejarlo en marcha para que no se congelara. Buen madrugón les hice dar a todos con mi afabilidad y mis ganas de quedar con gente. A esas horas tan tempranas, Mariano ya venía fumando uno de esos cigarrillos adulterados que siempre lleva en su pitillera. Con razón le llaman Mariano, llamándose él Ramón. Jeremías y Ester traían unos ojitos de no haber dormido en toda la noche. Seguramente venían directos de la juerga del Viernes. Cuando llegaron a mi altura, los tres me sonrieron
- Buenos días, Cerro – Me saludó Mariano
- Buenos días, banda – Respondí al trío – Venga, vamos que nos queda un viajecito.
- Ya te vale. Haber quedado tan lejos para comer. – Me decía Jere mientras bostezaba
- Te recuerdo que al final os apuntasteis todos.

A eso de las doce, comencé a ponerme más nervioso y un poco impaciente. Ya había cogido el mejor sitio del monte, donde la barbacoa está al lado de la mesa de piedra, para que estuviéramos todos cómodos. Gracia, mi mujer, estaba preparando las neveras con el hielo y las cervezas para que estuvieran bien frescas a la hora de comer. También ordenaba los vasos y platos de plástico, ponía unos manteles de papel sobre la mesa y los sujetaba con piedras para que no se los llevara el viento. Mientras, yo azuzaba el fuego que acababa de encender. Jorge, mi hijo de cinco años, traía palitos para “ayudarme a trabajar”. En realidad le encantaba tirar palitos al fuego y verlos arder desde lejos. Estaba todo listo, el fuego ardiendo, la comida en las bolsas, la mesa puesta y, las cervezas, que ya venían frías del frigorífico de casa, en hielo para que se pusieran en su punto. Debían estar a punto de llegar...

Eran las doce. Juan estaría ya esperándonos, pero nos perdimos por las carreteras secundarias y tuvimos que preguntar cinco veces, andando y desandando caminos para, por fin, encontrar el que nos llevaría hasta la explanada del monte donde habíamos quedado. Mientras íbamos por un camino de tierra, no sabíamos si era el adecuado o no hasta que Alicia dijo:
- Por ahí se ve humo. Quizá sean ellos
Efectivamente, eran ellos. Pero yo no podía estar seguro. En realidad no conocía a Juan, sólo había hablado con él por Internet. Pero ese matrimonio y su hijo, debían ser ellos. No era normal tener tantos bultos de comida para dos adultos y un niño pequeño. Mientras nos acercábamos, los tres, colocados uno al lado de otro de manera que parecían un comité de bienvenida, nos esperaban al fondo, mirándonos.

Por fin vimos aparecer un coche. Gracia ya me había preguntado un par de veces:
- ¿Seguro que van a venir?
- Seguro... Seguro... – Le respondía yo con tono algo fastidiado, pero con cierta duda interior.
El todoterreno se acercaba lentamente por el camino de piedras. Dentro venían cinco personas. Gracia y Jorge se colocaron a mi lado, los tres los mirábamos, yo hice un saludo levantando el brazo y vi cómo se encendían las luces a ráfagas. Efectivamente, tenían que ser ellos. Me dirigí al conductor, mientras éste se bajaba y le dije:
- ¿Cerro?
- Sí, ¿Juan? – Me respondió él
- El mismo – Le sonreí.

Después de bajarme del coche y cuando se acercó a mí, nos presentamos y nos apretamos las manos. Por fin habíamos llegado. Juan lo tenía todo preparado. Nos presentó a Gracia y a Jorge, su familia y, en seguida, nos abrió una cerveza a cada uno. Él se dirigió a la barbacoa a avivar un poco el fuego y, según dijo, para empezar a cocinar.

Una vez hechas las presentaciones y descorchados unos botellines, comencé a prepararlo todo para hacer el arroz. Puse la paellera en el fuego, y vertí dentro un buen chorro de aceite puro de oliva. Pronto éste estuvo caliente y eché el conejo troceado. Noté como Alicia y Cerro, que se habían acercado para ver cómo hacía el arroz, ponían una cara un poco rara al ver la carne.

Cuando Juan se puso a cocinar, Alicia y yo nos acercamos para hacerle compañía. De pronto, Juan cogió una bolsa de donde salió una carne (de conejo según parece) toda roja. No parecía de los que yo solía comprar en las carnicerías. Esta tenía mucha más sangre.
- ¿Por qué no le lavas la sangre? – Le pregunté con un poco de prudencia, ocultando mi aprensión.
- La sangre no se le lava al conejo, le da más sabor al arroz. – Me respondió Juan. Y yo me quedé pensando en si Alicia, al final, probaría este arroz

Me di cuenta de que Cerro y Alicia no entendían nada de conejos al pedirme que lo lavara. ¡Lavarle la sangre a un conejo de huerta!.
- Si lo lavas, pierde mucho sabor. Mirad cómo se fríe y qué olor desprende. – El olor del aceite y la carne friéndose empezaba a impregnar todo el paraje.
- ¡Esto se merece una caña! – Dije con ánimo. Lo que hizo que Alicia, en seguida, me trajera un quinto, que al cogerlo casi me congela la mano. - ¡Está en su punto!.
Una vez que el conejo estaba bien frito, lo fui sacando del aceite y poniéndolo sobre una fuente.
- ¿No le echas unos ajos? – Me preguntó cerro. - ¡Le darían buen sabor!
Para mí es casi un sacrilegio poner ajo al arroz con conejo, pero no se lo dije a cerro y le respondí todo lo amable que pude:
- Es que yo nunca hago el arroz con ajo.

Cuando Juan me dijo que nunca le echaba ajos al arroz, me quedé extrañado, yo se los pongo a casi todo y me sale una paella buenísima. Pero no quise insistirle porque aún no había suficiente confianza y, al fin y al cabo, era él quien estaba cocinando. De todas formas, entre la sangre del conejo y que, por lo que veía no le iba a echar mucho más para dar sabor, no me parecía que fuéramos a comer el mejor arroz de nuestra vida. Menos mal que por las bolsas vi que había más cosas de comer y, como no nos conocíamos, siempre me quedaba el recurso de que yo soy de poco apetito. Una vez que el conejo estaba frito, mientras lo sacaba a la fuente, Juan ofreció una molla a Alicia. Alicia la tomó más por educación que por ganas, pues lo de no lavarlo la había dejado un poco aprensiva. Cuando por fin se decidió a llevársela a la boca, noté cómo le cambiaba la cara. Abrió los ojos con admiración y dijo: - ¡Está buenísima!. Entonces me dio a probar un trozo y lo corroboré. Efectivamente, ese conejo tenía muy buen sabor; a pesar de la sangre.

Cuando les di a probar el conejo frito, se les notó en las caras, antes de que lo dijeran, cuánto les gustó. Estaba claro que debían haberse convencido de lo bueno que era dejar la sangre en lugar de lavarla.
En seguida comencé a sofreír el tomate. Cerro volvió a sugerirme, muy amablemente, que le pusiera ajos. ¡Menos mal que no había traído! ¡Qué fuerte! ¡Ajo!. No sé qué comerán estos por ahí, pero un arroz con conejo nunca puede llevarlo. ¡Un sacrilegio, vamos!. El tomate estaba listo y ya sólo faltaba añadir el agua, la carne, un buen chorro de aceite de oliva y esperar a que hierva para echar el arroz. Era el momento de tomarse una caña y hablar tranquilamente con mis nuevos amigos.

Cuando Juan puso el agua a hervir, fue cuando nos pusimos a hablar más de nuestras cosas y cuando realmente empezamos a conocernos. Juan era tan divertido en directo como a través de los foros, quizá algo menos elocuente, parecía más tímido, pero me seguía cayendo igual de bien. Además, su mujer, adorable, siempre estaba preocupada por que no nos faltara de nada y su hijo, un crío que no paraba pero que era un número.

El rato que estuvimos hablando hasta que hirviera el agua, fue cuando en realidad terminamos de coger confianza. Ya casi parecía como al escribirnos en el foro, yo empezaba a perder la timidez que siempre tengo al principio, en parte gracias a los cuatro quintos que ya llevaba, en parte a que Cerro, Alicia, Mariano, Jere y Ester eran un encanto; y estoy casi seguro que también tenían algo que ver esos cigarros a los que me invitaba Mariano constantemente.
Al cabo de unos minutos, comenzó a hervir el agua. Me dirigí de nuevo al fuego a echar el arroz. Cerro, que parecía interesado en cómo lo cocinaba, se vino conmigo. Rocié el arroz por encima, lo removí un poco para que se distribuyera bien por todo el recipiente y le añadí el colorante.

Al levantarse Juan para continuar con el arroz, después de haber tenido todos una conversación bastante agradable, me fui con él. Mariano se había pasado un poco con sus “cigarros” y, para mí, que Juan no estaba acostumbrado a eso. Así que me pareció que estaba un poco mareado. Le acompañé para que no se le cayera la paellera al suelo o algo así. El hecho de que removiera el arroz con la rasera después de añadirlo, me confirmó que ya descontrolaba algo. ¡Todo el mundo sabe que eso no se hace!

Noté como Cerro me miraba raro cuando me vio distribuir el arroz. Le expliqué que yo siempre lo hacía y, así, quedaba uniforme y cocía en todos lados por igual. Ajusté un poco el fuego con unos palos para que le diera el mismo calor por todas partes. Luego lo probé de sal y le pedí opinión a Cerro. Para mi gusto estaba bien, pero no quería parecer “el dictador de los arroces”.

Juan me dio a probar el caldo. Lo encontré un poco soso. Yo le hubiera echado bastante más sal, pero no queriendo ofenderle, le dije que, en mi opinión, le faltaba un poquito. Juan le echó un poco, menos de lo que le hubiera añadido yo. La siguiente vez que me lo dio a probar, le dije que perfecto – Aunque, para mí, seguía algo soso-.

Después de veinte minutos, más o menos, el arroz estaba hecho. Lo probé y estaba en su punto. Le pedí a cerro que me ayudara a apartar la paellera del fuego, la cogimos entre los dos y la llevamos al centro de la mesa de piedra. Allí estaban esperándonos todos. Jere tenía cara de hambre y le faltó aplaudir cuando llegamos. Ester empezó a repartir tenedores entre todos. Pregunté si no preferían comerlo directamente de la sartén. Mario, con una cerveza en una mano y un “cigarro” en la otra, dijo que por él bien. A mi me dio la sensación de que cualquier cosa le iba bien en ese momento. Comenzamos a comer. Está feo decirlo, pero ese día me salió un arroz de los de mis mejores días y todos lo afirmaron. Hasta Jorge se lo comió todo sin rechistar, lo cual, para lo que come este crío, era muy buena señal. Regamos el arroz con un vino que había traído Cerro. Yo no me fiaba mucho de ese vino antes de abrirlo, pero resultó que era excelente y hacía la mezcla perfecta con la comida que teníamos. Comimos, bebimos, charlamos, sobre todo charlamos, tomamos los postres y, al final, el día que había empezado con tantas dudas, resultó que estaba siendo de lo más agradable.

Cuando Juan decidió que el arroz estaba listo.- En mi opinión un poco entero – Lo llevamos a la mesa entre los dos y comenzamos a comer. Decidimos comer todos de la sartén, lo cual fue un acierto porque era mucho más cómodo. Al probarlo, por fin - Debo reconocer que lo hice con algo de aprensión- me sorprendí. ¡Resultó estar excelente!. Casi no podía creer que, a pesar de la sangre del conejo, a pesar de no haberle puesto ajo, tuviera tan buen sabor. Comimos, hablamos mucho y de muchas cosas, nos bebimos todo el vino que había traído y que siempre me da tan buen resultado en las comidas o cenas y las dudas que tenía por la mañana sobre cómo íbamos a pasar este día se iban disipando.

Llegó la hora en la que mis nuevos amigos se tenían que ir. Tenían un par de horas de viaje por delante y no podían partir muy tarde. Recogimos todo lo que habíamos puesto por medio y apagamos bien el fuego. A todos nos daba pena despedirnos, Jorge había hecho buenas migas con Jere y con Mariano. Éste, incluso, dejaba de fumar cuando jugaba con el pequeño. Alicia, Ester y Gracia también habían hecho buena amistad y se besaban citándose para otra ocasión. Yo, a su vez, me despedía de todos, especialmente del que había provocado esta reunión en el momento en el que se enteró que yo hacía arroces, casi invitándose a sí mismo a uno y que, desde ese día, se había convertido en un nuevo y buen amigo para mí.

Se hizo la hora de partir. Estábamos todos muy a gusto charlando, pero nos quedaba un viaje por delante y no era cuestión de conducir demasiado cansado. Lo poco que bebí ya se había bajado y no fumé nada de lo que llevaba Mariano. Era el momento de irse. No sin pena, me despedí de ese trío encantador que acababa de conocer. Me iba casi sin comprender como un tipo que utilizaba un conejo sin limpiar y no ponía ajo en casi nada podía cocinar un arroz tan exquisito. Pero lo más importante era que tenía unos nuevos amigos. Hasta este día Juan era un icono en mi ordenador y, a partir de entonces, era una persona con su voz, su mirada, su familia. Y, además, me gustaba ese tipo. El día dio de sí, había sido un gran día de campo.

Pablo A.

Fragua Visual: HOY DOBLETE

Fragua Visual: HOY  DOBLETE

Descubrió que su mundo era el viaje.

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Derivando (19)

Derivando (19)

Leire por su parte se enganchaba más al trabajo de Mario... Comenzaba a disfrutar con aquéllas situaciones prebélicas... Y aquél rollito que se traía el personaje/personajes virtuales... La verdad es que ella fantaseaba también algunas veces con las historias e incluso se dejaba atrapar por ellas...

Mario estaba manteniendo una conversación muy privada con Sílfide, cuando fue interrumpido por Leire, preguntándole acerca de las características de uno de los personajes de su juego... Mario inconscientemente se asustó, cerrando el ordenador... "Pero bueno, y esas reacciones, ¿qué te ocurre?... Pero mira que es tonto Mi Pocholo... Y acariciándole el cuello, poco a poco, Mario comenzó a relajarse, a disfrutar de la presencia de Leire... Y como siempre terminaron amándose, y mandando el trabajo a la otra parte de la casa... Y allí es donde Mario comenzó a fantasear más que de costumbre con Leire... Leire se extrañaba de sus nuevas fantasías pero le gustaban y se dejaba llevar...

Cómo iba ella a suponer lo que por esa cabeza estaba pasando. Mario no era consciente de con quien estaba, simplemente no podía dejar de pensar en las caderas y las manos de la americana, que reflejaban de manera extraña las fantasías que corrían por su mente cuando hablaba con su affaire chatero.
Una extraña relación entre las dos mujeres, algo sin nombre entreveía Mario, algo a lo que no era capaz de poner nombre, pero, sin duda alguna, ambas estaban hechas de la misma pasta, compartían ciertos caracteres difícilmente definibles. “Qué chorrada... Sería una tremenda coincidencia... Un desmadre... No es posible”.

Sin embargo Leire pensaba que todos los sentidos de Mario estaban ahora puestos en su cuerpo. Creía ser el centro de atención de su amante, y no era capaz de intuir que la cintura que abrazaba Mario no era la suya, ni los labios que besaba le pertenecían, ni siquiera su rostro era el que él buscaba.

Qué horror al oír esas palabras, “Dorothy”, una piedra que cayó en lo más profundo del corazón de Leire, la cual continuó como si nada, intentando no darle más importancia de la que tenía, una lágrima rodó por su rostro.

Mario continuaba, continuaba abrazando y amando a aquella sucesión de mujeres: Luisa, Leire, Dorothy-Carol-Sílfide... Su cerebro sufría cortes y por él brotaban varias nombres... Leire aguantaba como podía... Sudorosos, como siempre acabaron los cuerpos tumbados en aquella cama, que antaño había guardado amor y fidelidad, y ahora en élla sólo había caos y desorden... Leire lloró... Lloró profunda y amargamente... Mario como un payaso había quedado en la cama, sus lágrimas no salían, pero lloraba por dentro... No era capaz de saber nada... Sentía pero no sabía, Ni qué... Ni cómo... Ni porqué... Su confusión era tal que cualquier solución que le hubiesen dado en ese momento la hubiera aceptado: Cualquiera...

Carol por su parte deambulaba por la habitación de su apartamento, desnuda... Comenzaba a dar vueltas por su extraña cabeza la idea de asentarse en un lugar y ser una mujer vulgar y corriente... Ya no le entusiasmaba la idea de intrigar y espiar y desmantelar proyectos para terceros... Y con Mario empezaba a darse cuenta de que algo había cambiado ya en su vida, o que por lo menos, comenzaba a cambiar... Este sería su último trabajo, quizás ni tan siquiera lo terminara... Pero ya se sabe Uno propone y los Jefes Disponen... En éstas estaba cuando sonó el tfno... Sin ganas lo cogió... Eran sus jefes habían ordenado un completo informe acerca del individuo y que entrara en contacto con él... Pero ya era demasiado tarde... Era muy tarde para abandonar el trabajo... Estaba demasiado involucrada...

Se fue a la cama, triste, agarró la almohada simulando ser Mario, y entre sollozos se durmió...

Leire se levantó temprano, no quería ni mirar a su amante, entró en el baño, lavó su rostro con agua y jabón, miró el gesto en el espejo. No se reconoció.

Trató de recordar paso a paso la noche anterior, sus manos en el lavabo se frotaban trémulas, blanquísimas como su cuerpo desnudo frente a esa luna de agua que la rechazaba. Observó las ojeras, las pequeñas bolsas de los ojos que surgieron a causa de tantas lágrimas, los labios restregados, gastados, su cuerpo confundido, su cuello besado por un desconocido, su sexo desgajado, sus pechos, que retenían el sudor de una noche de anonimato. Tres moratones en la cintura de unos dedos ajenos.
La ducha no difuminó la sensación de suciedad. Qué sucia, qué sucia se sentía, qué usada, vejada, víctima de un abuso permitido, objeto de pasiones ajenas. Cayó al fondo de la bañera, a ese espacio mojado y se sintió pequeña.