|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Espuma.
03/09/2005
Caballeros Asegurados Un día de tórrido sol llegó un jinete cansado y polvoriento al gran castillo, accedió por los grandes portones y mientras tras de sí descendía el puente levadizo desmontó de su negro corcel y subiendo escalinatas y atravesando corredores llamaba a gritos a su consorte. -¿Dónde estáis amor mío? ¡He regresado! Su cónyuge apareció por unas de las puertas y con cara radiante contéstole. - ¡Ah! Ángel de amor; habéis regresado..., ¡gracias al cielo que os ha devuelto! - Sí, y vengo con hambre de placer, quiero besaros, mordiscaros, lameros, mascaros... ¡Qué muero de continencia si no os tomo ya mismo! - Claro que sí, sol de mi alma, ¡podéis tomarlo, lamerlo, comerlo, meterlo y sacarlo, pero antes ¡ Quitadme este maldito cinturón de castidad, por amor del cielo!¡Doña Leonor, ¿cuándo se ha visto que una desposada ponga a su esposo y señor un cinturón de castidad? Y así fue que dio comienzo la emancipación de las damas y el mundo empezó a trocarse a mejor mientras los trovadores, jubilosos y alegres cantaban. ¡Qué proeza, qué osadía, la de doña Leonor que colocó a su señor cerrojo férreo a su hombría!
26/04/2005
Los ardores de don Juan ( parte 7, última) Gabino cae desmayado cual flor en tiempo severo, —¡Jesús, qué tanto os quiero! —dice el efebo extasiado— Don Juan, con celo y esmero, palpó candongo el trasero, —Una caricia al amado es provechosa... yo espero, de sabio es ser lisonjero si el premio es el adecuado; —piensa Don Juan, marrullero, ladino, mordaz y artero, mientras sonríe alentado. — Besadme don Juan, primero, que vais muy presto y ligero a palpar lo que es vedado, el ser templado y roncero, es de hidalgo y caballero, ¡No seáis arrebatado!, que el arrumaco es reguero del delirio venidero y aún no estáis desposado; sois aspirante, y no mero, sois pretendiente, el tercero, que un mancebo de mi agrado y un principal pebetero, rico, egregio y placentero, tierno, dulce y delicado, me complacen el plumero y me dan gozo festero. Sabed... me habéis defraudado, más parecéis un grosero que un galano compañero. -*** Y hablado esto al galán, Gabino tieso y campante, se marchó muy petulante dejando al pobre don Juan mohíno, mustio y cesante, pues dejó de ser amante sin serlo nunca... ¡qué plan! —¡Adiós, oro relumbrante, predio y lujo deslumbrante! ¡Adiós hacienda y gañán! ¡Qué ilusorio y qué farsante es el júbilo fluctuante! tan grande como un jayán y tan frágil como infante que se hunde en un instante. ¡Qué ardores tiene don Juan! FIN (Por fin) Los ardores de don Juan ( parte 6) Piensa el bizarro febril que propicio le vendría el oro y la pedrería las haciendas y el cubil y aquella hermosa alquería, corceles y vaquería con un soberbio redil; árboles y jardín habría y una fuente en armonía con agua clara y sutil, sueña, y en su fantasía se ve por la gañanía en un palafrén gentil, con traje de orfebrería oro , alhaja y joyería y un escudero servil y.... —¡Don Juan tanto os daría! oye que Gabi decía y le mira de perfil, ¡sus sueños a la porquería! mas por pura cortesía pues hidalgo es, no vil, ni le incita en demasía la riqueza que tendría... le afirma tierno y pueril, — Gabino, os concedería lo que solo entregaría a quién ame..., soy cerril, y solo sé de osadía de coraje y valentía pues egregio soy y edil, mas, intentarlo... podría que nada me costaría pues sois bello e infantil, figuráis ángel... diría, o querubín de María, sois como flores de abril... *sigue 26/04/2005 15:02 ;?> No hay comentarios. Comentar.
22/04/2005
Los ardores de don Juan (parte 5) —Loco estoy, estoy chiflado, —dice don Juan con cerote— ¿no habrá cerca un sacerdote? porque ya estoy condenado. —Dejad, amor, que os frote, —susurra Gabino al trote— y se acerca de costado restregándole el cogote, y para que no se alborote le susurra almibarado. —Tengo un palacio grandote, dos predios en Almodrote y un latifundio apartado, y unas prendas que, de dote, me dejó un varón, de mote “ El próvido afeminado”, mas fue sólo un amigote que me dio mamola y lote por grato haberlo pasado; tengo además amplio bote de oro velado en barrote, y una finca con ganado. Don Juan, mi bravo coyote no dejéis que mi bigote se pudra sin ser frotado. ¡Arrulladme mi amorzote! ¡si queréis, dadme un azote!, ...no seáis muy despiadado... Los ardores de don Juan ( parte 4) Don Juan queda en conmoción, parécele estar delirando y Gabino, suspirando, aprovecha la ocasión, bésole ansioso y ansiando y con ansia y deseando dióle un férvido estrujón, —¡Pero qué hacéis!— dice aullando el galán, que está notando que Gabino es un bribón, —¡No me rechacéis demando, qué tanto os estoy amando! gime el sarasa tristón. Luego, despacio, va hablando y entre vagidos clamando, —¡Conmuévete corazón, qué por vos estoy penando feneciendo y malgastando mi ánimo y posición!, Don Juan, si vos me vais dando, yo os voy recompensando, que caudal tengo un montón..., sin apuro iréis hallando que la vida disfrutando se lleva con más fruición; si expiro, joven estando, y antes que vos, lejos ando, que así ha de ser mi razón, vos estaréis heredando y mis bienes ostentando después en mi defunción. Don Juan se queda dudando, Gabino le está ofrendando la opulencia y profusión, y él, que se está arruinando y empobrecido quedando... ¡Gabino es la solución!.
21/04/2005
Los ardores de don Juan ( parte 3) Don Juan vive disgustado, sabe de la efervescencia, que sin juicio ni prudencia, le despliega arrebatado, peripuesto y con urgencia el de la otra residencia, el colindante de al lado. —¡ El Señor me dé paciencia! ruega Don Juan en creencia que Dios no le haya olvidado. Suena un tilín con urgencia y ante tamaña insistencia don Juan acude apurado, abre el portón y... ¡Oh, demencia!, traspone con diligencia un espanto almidonado, Gabi, sin pedir audiencia, sin citación ni licencia, entra cual endemoniado; —¡Oh, don Juan, qué complacencia! ¡Me abristeis con esa anuencia porque estáis enamorado...! No, no habléis ..., sólo la esencia que respiráis con potencia es mi agasajo anhelado; oledme con indecencia, tocadme con insolencia, amadme , cielo adorado, que mi cuerpo es indolencia para que vuestra tendencia goce de mí con agrado... ¡Dadme don Juan la querencia, amadme hasta la violencia, torturadme en el pecado! No escatiméis exigencia que mi cuerpo es pertenencia de vos, don Juan bienamado. Ejem...,yo os dejaré mi herencia, si sabéis darme docencia para sentirme halagado... *sigue... Los ardores de don Juan - ( parte 2) Gabino promulga airoso que Don Juan será su amante, candidato y demandante de su cuerpo donairoso; bucles de oro brillante, boca grana, insinuante, ojos de un verde precioso como el mar perseverante, talle de ánade elegante como el cisne primoroso, piel fina como el diamante, nívea, clara y deslumbrante; —¡Don Juan será venturoso! Gabi enuncia rimbombante, ideando que el lindante notará que es hacendoso. Se emperifolla tunante con atuendo de volante, de tul y encaje precioso, gasas de grácil talante, y plumaje extravagante de algún pájaro curioso, y se perfuma abundante, con una esencia incitante de flor de loto oloroso. Luego lozano y flamante, pródigo y exuberante, con meneo lujurioso, se dirige al colindante anhelando estar delante de su Don Juan valeroso. *sigue
20/04/2005
Los ardores de don Juan (1ª parte) Allá en la ciudad de Trento don Juan clamaba sin tino quejando que su vecino, (aunque con barba y talento) no era nada masculino. Llamábase éste, Gabino, y su rostro era un evento suave, nacarado y fino como la flor del camino o el pimpollo del sarmiento; decía Don Juan, felino, ora crespo ora mohíno, que su cercano y atento tenía del ave el trino melodioso y paulatino; mas, su ira y descontento, era porque el tal Gabino cual extasiado pollino le hacía lisonja lento, con talante femenino cual dama de alto tocino; y le lanzaba con tiento besos de miel, y el ladino, le hablaba con desatino de amor y enardecimiento y de albures del destino enunciando que su sino, su energía y su sustento, era él , don Juan Merino, gentil ,valiente y ...¡divino! ¡El gran hidalgo de Trento!. *Sigue...
02/04/2005
Diario Calavera : No es un tomate cualquiera Había una vez un valiente tomate, que era líder de un huerto. El se preocupaba por mantener el orden y la seguridad de las hortalizas.Pero un día, llegaron unos hombres y se lo llevaron cautivo, lo encerraron en un cajón junto a otros tomates. Por las rendijas de aquella prisión observaba como se alejaba de su hogar. ...Pero por cosas del destino la camioneta donde le llevaban., tuvo un reventón de neumáticos y el cajón donde el estaba salio disparado, volando por los cielos, fue a parar a un riachuelo, Cayó sobre una rama que flotaba sobre las aguas tranquilas y cristalinas. Así paso el tomatín, tres días...Pensaba que tal vez se moría si nadie lo sacaba de allí. Pero aquella tarde del cuarto día, Alguien lo vio y lo rescato, estaba tan feliz, miraba a su alrededor y el paisaje era bellísimo, prados verdes, árboles frondosos. Lo llevaban en una cesta, y él parado sobre unas lechugas, contemplaba tan majestuoso lugar... Se hizo de noche y vio que una mujer lo sacaba y lo ponía sobre la mesa en un recipiente de cerámica adornado con flores amarillas. El lugar donde se encontraba era acogedor, una chimenea encendida, muebles sencillos, todo era nuevo para el, creció en un invernadero y solo de vez en cuando solía escapar para observar donde vivía la gente que lo había cultivado. Se sentía tranquilo y se durmió. Después ya no recordó nada mas, no volvió el día, y el anochecer se hizo eterno. Tiempo después, se sintió dentro unas paredes que lo aprisionaban., su cuerpo no era el mismo, estaba disuelto, la consistencia y firmeza que antes tenia ya no era tal. La historia queda hasta aquí… No me atrevo a contar lo demás, Es un poco triste el relato, pero así es la vida de las hortalizas… Había pensado en escribir algo sobre “el súper tomate”.pero ya se me hizo conocida esa historia. Con humor para ti tomatin... Un abrazo.
12/03/2005
Sentido Común te acompaño en tu concepto que ir por camino recto sería cosa hacedera si lo humanos electostuviesen sólo sesera, si nos diéramos afecto, si la unión es verdadera, ¡Es tan fácil ser adeptos de la concordia sincera, de la paz y los preceptosque infunde justa manera
10/02/2005
Diálogo con el forense —La causa del óbito fue debida a un apuñalamiento en el pecho. —¿Sí? Creí que había sido por causa del veneno. —Y usted qué sabe... ¿acaso es forense? —No, pero... —Entonces deje de dar opiniones ineptas. —¿Me va usted a decir a mí, que soy el muerto, de qué fallecí? —Usted será el cadáver pero yo soy su forense. Murió usted a causa de una puñalada en el pecho. —Pero esa cuchillada me la produjeron cuando yo tenía veintidós años... —Bueno... entonces usted falleció cuando tenía esa edad, lo que ocurre es que no se había dado cuenta. —¿Habla usted todos los días con sus muertos? —No, es la primera vez. Normalmente los cadáveres no dicen ni mú. Creo que se quedan sin habla del susto... —¿Qué susto? —El estupor de saberse difuntos. —Pues yo no estoy asustado, además le digo que fenecí por ingerir estricnina, ¡si lo sabré yo! —No soporto que un neófito trate de darme lecciones. Usted, señor mío, está aquí sobre mi mesa, abierto en canal, por haber sido acuchillado con arma blanca... ¿Quiere un poco? —¿Qué es? —Bocata de anchoas, con pimiento, tomate y mayonesa. —No, gracias, no soportaría comer donde hay cadáveres. —Pues está muy rico. Escribiré el informe de su muerte. —¿Veneno? —Puñalada. —Bueno, informe como quiera, total, ya me da igual... Mientras escribe, ¿podría quitar el bocadillo de encima de mi hígado?, me está pringando todas las vísceras... —Oiga... ¿recuerda quién le acuchilló? —Sí señor forense. Fue un chaval que aseguraba que mi novia era su mujer. Ya ve, gente rara que hay por el mundo. —Y... ¿era su mujer? —No, era mi novia, mujer era de él. Lo que pasó es que el chico decía que ella no podía ser de los dos; no sabía compartir, no tenía ni pizca de solidaridad. —En tal caso, el chico ese es su asesino. Informaré a la policía para que lo detengan. —Bueno, eso pasó hace treinta años; ya no le guardo rencor. —Bien, entonces no lo notificaré a la policía. —Yo creía que me había suicidado con estricnina pero si me mató el chaval pues... ¡entonces es homicidio! —Claro. Igual usted, al no percatarse de que ya estaba muerto, tomó el veneno para matarse, porque en realidad usted lo que deseaba era estar muerto. —Imposible, yo no sabía que ya había fallecido. Incluso me afeitaba, duchaba e iba a trabajar todos los días a las siete. Además, si me asesinaron, deberían atrapar al homicida. —¿Le guarda rencor, después de tanto tiempo? —¡Lo odio con toda mi alma! Oiga, debería usted revisar mi estómago. —¿Para qué? —La estricnina... —¿Otra vez?... le digo que la estricnina fue después, ya usted estaba muerto por el navajazo. Tal vez debería inspeccionar su vientre, por si el origen de la muerte fuera debido a alguna clase de veneno. Simple rutina. —Yo creo que fallecí por una cuchillada, pero usted es el experto... —Voy a coserlo ya. —¡No!, aún no señor forense. —¿Por qué no? Debería de saber que su entierro será pronto. —¿Cuándo? —Esta tarde, creo. Han venido su esposa y sus hijos... querían estar al corriente y si ya estaba todo listo. —Dígale a mi esposa que me gustaría que me incinerasen. —No llore hombre. Debería decírselo usted mismo pero como le veo tan triste... —No lloro, es que se le ha caído algún mejunje y me ha saltado en los ojos. —¡Ah!... sólo es desinfectante, tranquilo que no es malo para la salud. —De acuerdo, pero debería usted lavármelos con agua, por si acaso... —¿Está seguro de que no quiere un poco de bocadillo? Quizá le dé asco comer donde hay cadáveres. —¡Qué va!, si yo tengo un aguante enorme. Una vez me comí unas cucarachas crudas... — ¡Qué asco! ¿Y no tuvo arcadas? —Sí pero se me pasaron a las tres semanas. —Bueno, menos cháchara que tengo que acabar mi trabajo; todavía me quedan tres muertos más antes de irme a casa. —Cósame entonces, pero no olvide decirle a mi esposa que no quiero que me incineren. —Se lo diré, no tema. Prefiere una sepultura donde le lleven flores ¿no? —No. Tengo decirle que... Bueno, le diré la verdad. Estoy vivo. —¿Y que hace entonces sobre mi mesa? ¿Cree que puedo perder el tiempo tan estúpidamente? ¡Levántese enseguida! —Vale, pero no se enfade, oiga. —¡Fuera de aquí mentecato! ¿No le da vergüenza? ¡Su mujer ya tenía preparado el sepelio, con cantos gregorianos y todo! —¿Gregorianos? ¡Nunca he soportado ese tipo de cantos! ¡Lo mejor que hice fue no morirme! ¡Ya ni uno puede fallecer en paz! —Bueno, tampoco es para tanto... no se enoje usted que le da un ataque cardíaco. —Pues mire, ni mal estaría que para lo que uno vive... Si al menos en mi funeral me loasen con cantos gregorianos ¡ Me complacería tanto! —Creo que es mejor que se vaya señor vivo. —Sí, ya me voy... oiga ¿sabe?, me gustaría que, cuando yo muriese, fuese usted mi forense ¡Ha sido usted tan amable! —No se preocupe que me ocuparé de que así sea. Me halaga usted... —¿Terminó de coserme del todo? —Sí, está usted igualito que cuando llegó, pero sin morirse. —Bueno, pues muchas gracias... ¡Vaya! ¿Cuándo llegué estaba muerto? —Por supuesto; se lo dije bien clarito, pero se empeñó usted en que no y ya ve... el cliente siempre lleva la razón. De todas formas, si cambia de opinión, ya sabe donde me tiene; seguiríamos charlando sin traba alguna, ya que estando usted difunto podría quedarse aquí el tiempo que... —Adiós señor forense; no creo que quiera morirme, pero por si se me ocurre, ¿por quién pregunto en ese caso? —Evaristo Estilete Agudo, para servirle. —Narciso Perpetuo Indeciso, a sus órdenes. D. S. - Espuma.
|