
—Loco estoy, estoy chiflado,
—dice don Juan con cerote—
¿no habrá cerca un sacerdote?
porque ya estoy condenado.
—Dejad, amor, que os frote,
—susurra Gabino al trote—
y se acerca de costado
restregándole el cogote,
y para que no se alborote
le susurra almibarado.
—Tengo un palacio grandote,
dos predios en Almodrote
y un latifundio apartado,
y unas prendas que, de dote,
me dejó un varón, de mote
“ El próvido afeminado”,
mas fue sólo un amigote
que me dio mamola y lote
por grato haberlo pasado;
tengo además amplio bote
de oro velado en barrote,
y una finca con ganado.
Don Juan, mi bravo coyote
no dejéis que mi bigote
se pudra sin ser frotado.
¡Arrulladme mi amorzote!
¡si queréis, dadme un azote!,
...no seáis muy despiadado...