
Don Juan vive disgustado,
sabe de la efervescencia,
que sin juicio ni prudencia,
le despliega arrebatado,
peripuesto y con urgencia
el de la otra residencia,
el colindante de al lado.
—¡ El Señor me dé paciencia!
ruega Don Juan en creencia
que Dios no le haya olvidado.
Suena un tilín con urgencia
y ante tamaña insistencia
don Juan acude apurado,
abre el portón y... ¡Oh, demencia!,
traspone con diligencia
un espanto almidonado,
Gabi, sin pedir audiencia,
sin citación ni licencia,
entra cual endemoniado;
—¡Oh, don Juan, qué complacencia!
¡Me abristeis con esa anuencia
porque estáis enamorado...!
No, no habléis ..., sólo la esencia
que respiráis con potencia
es mi agasajo anhelado;
oledme con indecencia,
tocadme con insolencia,
amadme , cielo adorado,
que mi cuerpo es indolencia
para que vuestra tendencia
goce de mí con agrado...
¡Dadme don Juan la querencia,
amadme hasta la violencia,
torturadme en el pecado!
No escatiméis exigencia
que mi cuerpo es pertenencia
de vos, don Juan bienamado.
Ejem...,yo os dejaré mi herencia,
si sabéis darme docencia
para sentirme halagado...
*sigue...