
Gabino cae desmayado
cual flor en tiempo severo,
—¡Jesús, qué tanto os quiero!
—dice el efebo extasiado—
Don Juan, con celo y esmero,
palpó candongo el trasero,
—Una caricia al amado
es provechosa... yo espero,
de sabio es ser lisonjero
si el premio es el adecuado;
—piensa Don Juan, marrullero,
ladino, mordaz y artero,
mientras sonríe alentado.
— Besadme don Juan, primero,
que vais muy presto y ligero
a palpar lo que es vedado,
el ser templado y roncero,
es de hidalgo y caballero,
¡No seáis arrebatado!,
que el arrumaco es reguero
del delirio venidero
y aún no estáis desposado;
sois aspirante, y no mero,
sois pretendiente, el tercero,
que un mancebo de mi agrado
y un principal pebetero,
rico, egregio y placentero,
tierno, dulce y delicado,
me complacen el plumero
y me dan gozo festero.
Sabed... me habéis defraudado,
más parecéis un grosero
que un galano compañero.
-***
Y hablado esto al galán,
Gabino tieso y campante,
se marchó muy petulante
dejando al pobre don Juan
mohíno, mustio y cesante,
pues dejó de ser amante
sin serlo nunca... ¡qué plan!
—¡Adiós, oro relumbrante,
predio y lujo deslumbrante!
¡Adiós hacienda y gañán!
¡Qué ilusorio y qué farsante
es el júbilo fluctuante!
tan grande como un jayán
y tan frágil como infante
que se hunde en un instante.
¡Qué ardores tiene don Juan!
FIN (Por fin)